Multitudes transfeministas: convergencias, alianzas, interseccionalidades

Presentación

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El uso del plural cuando se habla de transfeminismo corresponde a la cuestión de la heterogeneidad de los movimientos trans inscritos en las luchas feministas. La historia de la inclusión de las personas trans en las luchas feministas, por sí mismas y por todas las mujeres, probablemente encuentre sus premisas en el activismo “post-Stonewall” con Silvia Rivera (1951-2002) y Marsha P. Johnson (1946-1992), pero también en el activismo de la década de 1990 con Sandy Stone, Kate Bornstein o Riki Anne Wilchins, hasta los desarrollos más recientes de Julia Serano siguiendo a Emi Koyama. El término se atribuye comúnmente a Emi Koyama y Diana Courvant, quienes lo acuñaron como parte de su trabajo interseccional sobre la intersexualidad, la discapacidad y la supervivencia a la violencia sexual (Stryker y Bettcher 2016, 11).

La referencia al Manifiesto Transfeminista de Emi Koyama, activista, artista e investigadora independiente japonesa-estadounidense, es ineludible. El artículo ha sido objeto de varios escrituras y publicaciones (2000-2003). Desde las primeras líneas, indica que había llegado el momento de que las mujeres trans participaran abiertamente en la revolución feminista (Koyama, 2003, 244). Los análisis francófonos, en particular, señalan que Emi Koyama definió el transfeminismo como “un movimiento hecho por y para mujeres trans que consideran que su liberación debe ser intrínsecamente ligada a la liberación de todas las mujeres, y más allá” (op.cit., 245). En los análisis francófonos, la apertura propuesta por Emi Koyama y Diana Courvant (Transfeminism.org) a los hombres queer, intersexuales, trans, mujeres no trans y hombres y aliados, a veces se minimiza con cierta propensión a restringir los análisis a la única noción de misoginia (transfobia y misoginia) y a limitarse solo a los orígenes norteamericanos.

Sin embargo, no podemos ignorar las múltiples emergencias y los desarrollos en todo el mundo y particularmente en el ámbito hispanohablante, donde el término ya existió en la España de la década de 1980 (Garriga-López, 2019, 1619) y donde las feministas abogaron por un feminismo transinclusivo (Fernández Garrido y Araneta 2017). El transfeminismo se ha convertido en una subcultura de un movimiento más amplio que incluye las resistencias al “capitalismo neoliberal”, a las “medidas de austeridad”, resistencias articuladas con “políticas antirracistas”, “poscoloniales”, “críticas a las políticas migratorias” y con “movimientos sociales sin líderes” (como los indignados) y la escena postporno que pretendía apropiarse y subvertir la esfera de la pornografía (Garriga-López, Ibíd.).

Se observa claramente que la situación desborda los orígenes y las preocupaciones anglosajonas y que otras perspectivas transfeministas deben abordarse seriamente. ¿Quiénes son las actrices, o incluso los actores? ¿Son estos transfeminismos de otros hemisferios, otros idiomas, culturas y contextos sociales históricos construidos sobre la idea de convergencia de luchas e impulsados por la interseccionalidad? ¿Estamos hablando de un feminismo transinclusivo y transfeminismos que crean y abren “espacios y campos discursivos para todas las prácticas” (Valencia, 2019) mientras luchan enérgicamente contra el reciclaje neoliberal y el feminismo universalista y sus retóricas anti-trans?

La activista e investigadora transfeminista mexicana, Sayak Valencia, nos guía por cuatro vías para pensar las diferentes historias e influencias dentro de los movimientos transfeministas o el transfeminismo como una “red global”: 1/ Feminismos afroamericanos. 2/ Subculturas anticapitalistas y postporno en España. 3/ El movimiento pro-despatologización para poner fin a la patologización de las personas trans e intersex. 4/ Compromisos con migrantes y personas precarias y/o marginadas socialmente (Valencia, 2014).

Entre las muchas cuestiones planteadas por las políticas transfeministas y sus articulaciones con los saberes trans: la superación de enfoques comunes centrados en las áreas anglosajonas, la exploración de las especificidades de las áreas de habla hispana y portuguesa, la originalidad de nuevos enfoques y epistemologías del conocimiento que no son (re)conocidas en su justa medida. Los estudios trans y los transfeminismos se insertan en una teoría del conocimiento y del poder, “orientando una amplia gama de prácticas transfeministas” (Garriga-López, 2019, 1621)

La heterogeneidad de los artículos que componen este dossier y las articulaciones que operan dan cuenta de algunas de las cuestiones que se acaba de plantear.

En primer lugar, es importante señalar que los desbordamientos originados en los transfeminismos latinoamericanos están directamente vinculados a cuestiones decoloniales. El artículo “Transfobia, Colonialidad y Odio. Una lectura transfeminista” de Sioban F. Guerrero McManus – filósofa de la ciencia e investigadora del Centro de Investigación Interdisciplinaria en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México – indica que la colonialidad está en la base de las reivindicaciones universalistas de los discursos transfóbicos, las cuales, en realidad, se fundamentan en el olvido histórico de diferentes formas de habitar el cuerpo sexuado. Se analizan las convergencias que caracterizan estos discursos, provenientes tanto de sectores de la derecha conservadora como de la izquierda progresista, mostrando que sus argumentos, por un lado, desvían la retórica de los derechos humanos y reinvierten la de la objetividad atribuida a las ciencias naturales; y, por otro lado, se pronuncian en contra de una supuesta amenaza a la que se enfrentarían nuestras sociedades. Recordando la difusión en América Latina de una entrevista a la psicoanalista francesa Élisabeth Roudinesco, publicada en un diario español, Sioban F. Guerrero McManus destaca la colonialidad que marca no sólo el imaginario que caracteriza este discurso francés, propagado en un importante diario español, sino también el modo de circulación que lo caracteriza, en la medida en que su amplia divulgación en las redes mediáticas de habla hispana pone de manifiesto la asimetría geopolítica de la autoridad enunciativa. El artículo enfatiza la deshistorización de los cuerpos sexuados postulada por estas posiciones, que parten de una estrategia dirigida a neutralizar – o incluso anular – las perspectivas y los saberes producidos desde contextos sociopolíticos cuyos recursos hermenéuticos son inmediatamente descalificados. Según Sioban F. Guerrero McManus, las convergencias de discursos transfóbicos conservadores y de izquierda, a los que se suman algunos sectores de los feminismos, consolidan una concepción jerárquica y colonial de la sexualidad, la sociedad y el Estado. Por otra parte, las temáticas centradas en la violencia contra las mujeres y el separatismo inducido por las posiciones transfóbicas “posibilitan el ocultamiento de las coincidencias axiológicas entre el transfeminismo y el feminismo en temas como la autonomía corporal”. Una de las cuestiones actuales abordada en este artículo muy denso que desmonta argumentos transfóbicos, la del recurso a la libertad de expresión como derecho fundamental para oponerse a las demandas de lxs activistas trans, ocupará la contribución de Blas Radi.

De hecho, en su artículo “Desidealizar el desacuerdo, una defensa del activismo epistémico”, Blas Radi – filósofo y activista trans argentino que participó en el desarrollo de políticas públicas a favor de los derechos trans en Argentina y fundó la Cátedra Libre de Estudios Trans* en la Universidad de Buenos Aires – examina las “guerras del género” partiendo de la discusión de la noción de “desacuerdo” y de un caso paradigmático de desacuerdo. Mencionando la reacción indignada de un profesor de filosofía, quien se quejó de haber sido “boicoteado” por las personas trans, Blas Radi propone ofrecer un marco para entender las situaciones de desacuerdo que se repiten en los debates sobre cuestiones de género. Considera esta noción tanto desde la filosofía analítica como desde el campo, más reciente, de la epistemología social. Recordando la cuestión del desacuerdo tal como la considera la filosofía analítica, señala que el marco en el que se aborda: un debate entre pares en un contexto "hiper-idealizado", cuyo objeto es tan irrelevante como la identidad de los sujetos involucrados, es muy diferente del marco que da lugar a los desacuerdos sobre cuestiones de género. En el primer caso, el desacuerdo puede resolverse, y cuando el problema sigue sin resolverse, ofrece la oportunidad de avanzar en la definición del problema. Mientras que los casos de desacuerdos que interesan a Blas Radi se desarrollan en el mundo real y se definen como “desacuerdos profundos” para los que la ausencia de un fundamento común dificulta el intercambio argumentativo. El debate es entonces no sólo imposible sino también perjudicial para las personas a las que se les niega su condición de sujetos epistémicos – negación operada por quienes detentan posiciones privilegiadas que gozan de ese “excedente de credibilidad” que les permite mantener una ignorancia activa, es decir, una resistencia a reconocer conceptos como “cisnormatividad” o “cissexismo”. Blas Radi observa entonces que hay actividades racionales que no son argumentativas y pueden, por lo tanto, escapar a los callejones sin salida dañinos de los desacuerdos profundos, y luego invoca las nociones de insurrección epistémica y activismo epistémico. El boicot es entonces reivindicado como una práctica de activismo epistémico en la medida en que apela a la responsabilidad y sensibilidad de los sujetos a los que tal práctica puede afectar, llevándolos a tomar en consideración una perspectiva que mantuvieron fuera del marco.

Es otro aspecto de la perspectiva transfeminista presentada por Sioban F. Guerrero McManus, el que denuncia la universalidad de la concepción binaria occidental, lo que explora y desarrolla Maud-Yeuse Thomas – investigadora independiente y cofundadora del Observatorio de Transidentidades – con la pregunta que su artículo nos incita a hacernos: “¿Qué es un cuerpo?”. Cuestiona el proceso de construcción, sedimentación y naturalización de lo que tendemos a considerar como natural, y demuestra que “del mismo modo que la heterosexualidad, que debe ser vista en su contexto histórico”, se trata en realidad de reconocer en este proceso “un orden y un sistema sociopolítico”. Reexaminando la cuestión trans y remitiendo al manifiesto de Sandy Stone, propone entenderla ya no desde el punto de vista de las categorías forjadas por el conocimiento médico y sus “respuestas” a las patologizaciones que construye, sino como un discurso político sobre una supuesta “coincidencia sexo-género”, para la cual la cuestión del cuerpo es central. Argumentando que el “cuerpo” no existe como tal, Maud-Yeuse Thomas retoma numerosos trabajos etnográficos y discute ciertas hipótesis antropológicas, con el propósito de conjeturar una respuesta a su pregunta “¿Qué es un cuerpo?”. Su indagación deshace las perspectivas impuestas por el pensamiento naturalista y postula que un cuerpo se construye en un incesante proceso relacional inseparable de las coordenadas sociales que lo conforman: “lo que el lazo social, binario o no binario, abierto o cerrado, permite, asigna e impone a través de una falsa naturalidad y neutralidad de la ‘naturaleza’.” En la perspectiva propuesta, se trata de sustituir la primera pregunta por una nueva pregunta: ¿qué sería una antropología de las transidentidades? Éste es precisamente el enfoque que el artículo elige iniciar.

Mientras Maud-Yeuse Thomas se esfuerza por contextualizar el tejido biopolítico de la cuestión trans y el de la cuestión cisgénero, oponiendo la multiplicidad de cuestiones amerindias de dos espíritus a la categorización binaria impuesta por la colonización occidental, la contribución de Moira Pérez “Narrativas LGBT, injusticia epistémica y fantasías de progreso” busca problematizar las periodizaciones reconocidas por las narrativas de “progreso” que afectan las cuestiones LGBT y examina algunos aspectos del reciclaje neoliberal de los movimientos feministas. Revela precisamente la necesidad de ampliar el marco temporal y los grupos sociales que se toman en cuenta en estas narrativas, para dejar de practicar injusticias epistémicas que tienen consecuencias nefastas para los grupos sexo-disidentes y los vuelven aún más vulnerables. Moira Pérez, especialista en filosofía de la historia de la Universidad de Buenos Aires, a partir de la historia argentina reciente, propone cuestionar los lugares y los sujetos a partir de los cuales se producen las narrativas de los derechos conquistados y las cronologías de los avances en curso. Observa que, en cuestiones LGBT, la noción de “progreso” sólo puede sostenerse si se adopta una perspectiva comparativa limitada a los siglos XIX y XX, incluyendo sólo a un número reducido de personas y considerando únicamente el ámbito formal de los derechos. Se trataría entonces de “multiplicar las narrativas” para contrarrestar los efectos de las hegemonías políticas y epistémicas, porque las personas LGBT pobres y racializadas que viven en barrios marginados sufren una violencia que tiende a ser borrada por las narrativas que celebran los avances logrados, incluidas las que se fundamentan en la potencia del movimiento feminista y conciben una “cuarta ola” liderada por los movimientos latinoamericanos y/o del Sur Global. No obstante, las prácticas culturales anteriores a la colonización, las formas horizontales de organización establecidas en los “kilombos” y en otros espacios de resistencia, no son tenidas en cuenta en estas narrativas, que descartan de la historia colectiva relatada los perjuicios y daños provocados por el pensamiento binario sobre los grupos humanos colonizados. Del mismo modo, los activismos centrados en la discriminación y la violencia están moldeado por demandas punitivistas, ignorando o desechando las consecuencias reales de esta lógica carcelaria: muchas personas LGBT terminan en prisión ya que la exclusión que sufren las obliga a acudir a actividades ilegales para sobrevivir. Moira Pérez alerta así en cuanto a los efectos de los encuadres institucionales, tanto nacionales como internacionales, que tienden a debilitar las demandas radicales en favor de proyectos que dejan intactas las jerarquías sociales.

En su artículo “Panorama periodístico (no exhaustivo) de las cuestiones trans: lugar para lxs concernidxs”, Déborah Gay analiza las posiciones y medidas adoptadas por los medios de comunicación franceses y su actitud hacia las personas trans. El paisaje representado confirma las ambivalencias, contradicciones y callejones sin salida señalados por las aportaciones de Sioban F. Guerrero McManus, Blas Radi y Moira Pérez. Si bien Internet ha permitido que se expresen muchas voces, los modelos adoptados suelen ser individualistas y centrados en trayectorias integracionistas. Para combatir el mantenimiento del sesgo de género, se han llevado a cabo sin embargo diversas iniciativas en la prensa con el objetivo de promover la consideración de las “minorías de género”, por ejemplo, la creación de la Asociación de Periodistas LGBT, que proporciona varios “Kits para el uso de las redacciones”, incluido uno titulado “Respetar a las personas trans” en junio de 2014, o la creación en octubre de 2020 de un puesto de gender editor en una redacción francesa, la de Médiapart, y la del puesto de “responsable de diversidad” en la AFP. Déborah Gay observa no obstante la baja proporción de artículos dedicados a estos temas en Mediapart, a menudo más activo en temas de violencia contra las mujeres. También señala la participación extremadamente limitada de las personas trans en los medios de comunicación. Los clichés y estereotipos, los dead name y el misgendering se repiten a menudo, a pesar de los avances logrados por los trabajos de investigación, y el dispositivo de debate supuestamente “contradictorio” constituye una verdadera trampa, porque concede un espacio importante a los comentarios transfóbicos y contribuye a su difusión, perjudicando así a las personas trans y sus derechos. Se destacan finalmente dos iniciativas por los avances que demuestran: por un lado, el estudio “Transidentidades: de la invisibilización a la obsesión mediática” publicado en 2023 por la Asociación de Periodistas LGTBI, que revela unos frágiles avances en la legitimidad de las cuestiones trans y a la vez el “nuevo papel de marcador de las líneas editoriales de derecha” que ocupan estas cuestiones; por otro lado, la fundación por parte de personas trans en 2021 del medio transfeminista XYmedia.

La contribución de Sophia Sablé – estudiante de doctorado de la Universidad de Toulouse Jean Jaurès – titulada “Volver al futuro: Presentación del Archivo de la Memoria Trans, un espacio para la construcción de la(s) memoria(s) transtemporal(es)” nos lleva de vuelta a Argentina para cuestionar la visibilidad de las luchas y vidas trans, esta vez en el contexto de las políticas de memoria institucionales. En el marco de las luchas en defensa de los derechos humanos, agraviados por las prácticas genocidas de la dictadura cívico-militar (1976-1983), se promulgó en 2012 la Ley N° 26.743 sobre la identidad de género. Las políticas públicas que acompañaron el proceso de democratización dieron lugar a los Archivos Nacionales de la Memoria, pero estos últimos mantuvieron una amnesia colectiva respecto a las experiencias y resistencias de los grupos minoritarios y discriminados. Sophia Sablé muestra que el proceso de creación del Archivo de la Memoria Trans emerge como un dispositivo contra-archivístico en respuesta a las narrativas históricas institucionales, con el fin de visibilizar los cuerpos, las vidas y los muertos, cuya desaparición es redoblada por la eliminación que sufre su historia. El proyecto independiente y autogestionado de María Belén Correa y Claudia Pía Baudracco – mujeres trans fundadoras de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA) – se concibe a la vez “como una forma de superar el trauma” en el despliegue de redes sensibles y solidarias que vertebren la comunidad. De hecho, las elecciones estéticas y referenciales realizadas permiten crear este “espacio de memorias transtemporales” que los análisis de Sophie Sablé destacan, enfatizando la “cronopolítica queer” que practican, al dislocar el régimen de visión hegemónico. Sin embargo, la relativa ausencia de hombres trans en este Archivo parece indicar la permanencia de jerarquías entre los grupos sexo-disidentes y cuestionar los diferentes grados de invisibilización de las personas trans*.

Concluimos esta presentación contextualizando la publicación de este dossier con el fin de corroborar la pertinencia de las advertencias lanzadas en varias contribuciones frente a las amenazas que se ciernan sobre algunos derechos recién conquistados. Uno de los supuestos avances de las luchas trans en Argentina señalado por Sophia Sablé está ahora expuesto a los peligros anunciados por el nuevo gobierno argentino. La exposición “Ésta se fue, ésta murió, ésta ya no está más”, que forma parte del proyecto contra-archivístico evocado, se instaló en 2017 en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, lugar emblemático de las políticas de memoria que marcaron el siglo XXI. Esta penetración de las cuestiones trans en el espacio institucional dio una importante señal en su momento. El Centro Haroldo Conti, llamado así en honor al escritor y periodista fallecido en 1976, está ubicado en el Espacio de Memoria y Defensa de los Derechos Humanos que ocupa la ex ESMA (Escuela de Mecánica Naval), que la dictadura había transformado en un centro clandestino de detención, tortura y exterminio. Este espacio fue inscrito en septiembre de 2023 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO porque “ha trascendido fronteras políticas y geográficas para convertirse en un símbolo internacional y emblemático que representa las características de la desaparición forzada de personas, considerada hoy como un crimen de lesa humanidad por las Naciones Unidas1”. Dos meses después, en noviembre de 2023, las declaraciones de Victoria Villaruel, candidata a la vicepresidencia de La Libertad Avanza, provocaron una fuerte reacción de las organizaciones de derechos humanos. Poco antes de su victoria junto a Javier Milei, Villaruel atacó el Espacio de la Memoria de la ex ESMA y afirmó la necesidad de transformarlo en unas “hectáreas disfrutadas por todo el pueblo argentino”. Reclama un cambio de paradigma en materia de derechos humanos a partir de un discurso claramente negacionista que regresa hacia la “teoría de los dos demonios”, una ficción de simetría destinada a legitimar el terrorismo de Estado que mató a más de 30.000 personas para aplastar las luchas sociales y políticas de las décadas de 1960 y 1970. Desde el gobierno de Mauricio Macri, que apoyó a Milei en el balotaje, el número de desaparecidos ha sido cuestionado por sectores conservadores neoliberales que a la vez atacan todos los derechos adquiridos en las últimas dos décadas. Estela de Carlotto, presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, expresa su determinación: “Quiere borrar la historia, pero la historia no se va a borrar porque para eso estamos los organismos y el pueblo argentino2”. Las amenazas que plantea el actual gobierno argentino a los derechos humanos son múltiples, y los peligros de las políticas que combinan liberalismo autoritario y neoconservadurismo3 no solo se manifiestan en Argentina, sino que también afectan otros países latinoamericanos y el espacio europeo, tal vez sea oportuno terminar esta presentación citando las palabras de Ruth Zurbriggen, del colectivo La Revuelta de Neuquén, quien nos ofrece uno de estos relatos que reclama Moira Pérez:

Siento que estamos en una especie de mundo distópico al que le faltan palabras [...] Para los feminismos nunca nada fue fácil. Eso lo sabemos de sobra. Sin embargo, tengo la certeza de que se nos va a complicar enormemente la vida. No solo a los feminismos y transfeminismos, sino a amplias capas de la sociedad, a quienes ya la están pasando muy mal económicamente. Porque las recetas que traen desde LLA ya las vivimos en Argentina y ahora redoblan sus apuestas y perfeccionan sus maquinarias de odio, crueldad y desprecio [...] Reducir la presencia del Estado a su mínima expresión va a tener consecuencias inmediatas sobre quienes más nos valemos de los servicios del Estado como son la salud y la educación públicas, los subsidios de los servicios, el acceso a la vivienda. La sostenibilidad de la vida con todo privatizado va a ser mucho más difícil. Cuidar a las infancias y a ancianes requerirá de más tiempo y más trabajo4.

Bibliography

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Notes

1 “Museo y Lugar de la Memoria de la ESMA – Antiguo centro clandestino de detención, tortura y exterminio”, UNESCO, Convención del Patrimonio Mundial, URL: https://whc.unesco.org/fr/list/1681 Return to text

2 Estela de Carlotto citada por Luciana Bertoia, en el artículo “Fuerte repudio a la última provocación de Victoria Villarruel: 'Nos plantaremos para defender la exESMA'”, Página 12, 15/11/2023, URL: https://www.pagina12.com.ar/616746-fuerte-repudio-a-la-ultima-provocacion-de-victoria-villarrue Return to text

3 Grange, Juliette. “Neoconservadurismo: el retorno al orden moral y religioso como instrumento para la imposición de los valores del mercado”, ed. Jean-François Deluchey, El valor neoliberal de lo humano. Capitalismo y biopolítica en la era de la pandemia, París, Éditions Kimé, 2022, p. 35-48. Return to text

4 Ruth Zurbriggen citada por Mariana Carbajal, “Milei presidente: los temores en feminismos y diversidades”, Página 12, 21/11/2023. Return to text

References

Electronic reference

Karine Espineira and Michèle Soriano, « Multitudes transfeministas: convergencias, alianzas, interseccionalidades », Sociocriticism [Online], XXXVII-2 | 2023, Online since 21 décembre 2023, connection on 15 avril 2024. URL : http://interfas.univ-tlse2.fr/sociocriticism/3624

Authors

Karine Espineira

LIRCES, UNICE

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Michèle Soriano

CEIIBA, Universidad de Toulouse Jean Jaurès

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