Performatividad del discurso lésbico en Cien botellas en una pared (2010) de Ena Lucía Portela

  • Performativity of lesbian discourse in Cien botellas una pared (2010) by Ena Lucía Portela
  • Performativité du discours lesbien dans Cien botellas en una pared (2010) d’Ena Lucía Portela

La literatura escrita por mujeres en Cuba desde los años 90 se basa en temas poco habituales y a veces chocantes en esta sociedad tales como el homoerotismo, la homosexualidad femenina o el lesbianismo. Al abordar estos nuevos temas de género y sexualidad de forma franca y directa, las escritoras cubanas atacan el orden patriarcal al trastocar los sistemas de pensamiento heteronormativos existentes que limitan y dificultan la condición de la mujer cubana en su vida cotidiana. El contexto social de dicha literatura escrita por mujeres cubanas a partir de los años noventa del siglo pasado pone de manifiesto o justifica la creación de personajes marginales, inconformistas o rebeldes. La novela Cien botellas en una pared (2010) de Ena Lucía Portela se inscribe en este contexto. A través de las acciones de uno de sus personajes llamado la Gofia, la novelista Ena Lucía Portela pone de manifiesto un modo discursivo lésbico que transgrede y subvierte las percepciones monolíticas, autoritarias y dogmáticas sobre la identidad de las mujeres no blancas en la sociedad cubana. El objetivo de este trabajo es describir, por una parte, las prácticas culturales y sexuales heteronormativas que asfixian las mujeres afrocubanas y lesbianas por el entramado de discriminaciones, y por otra parte cómo estas mujeres crean espacios que constituyen estrategias de resistencia, en las que el discurso lésbico desestabiliza las estructuras dominantes, para reapropiarse de sus sexualidades y cuerpos fuera de las limitaciones patriarcales.

The literature written by women in Cuba since the 1990s is based on themes that are unusual and sometimes shocking in this society, such as homoeroticism, female homosexuality and lesbianism. By addressing these new themes of gender and sexuality in a frank and direct manner, Cuban women writers are attacking the patriarchal order by disrupting the existing heteronormative systems of thought that limit and hinder the condition of Cuban women in their daily lives. The social context of the said literature written by Cuban women since the 1990s makes clear or justifies the creation of marginal, non-conformist or rebellious characters. The novel Cien botellas en una pared (2010) by Ena Lucía Portela is part of this context. Through the actions of one of her characters named la Gofia, the novelist Ena Lucia Portela highlights a lesbian discursive mode that transgresses and subverts monological, authoritarian and dogmatic perceptions about the identity of non-white women in Cuban society. he objective of the present reflection is to describe, on the one hand, the heteronormative cultural and sexual practices that suffocate afro-Cuban lesbians through the intersecting of discriminations, and on the other hand, how these women create spaces that constitute strategies of resistance, and in which the lesbian discourse destabilizes the dominant structures, in order to reappropriate their sexualities and bodies outside of patriarchal constraints.

La littérature écrite par les femmes à Cuba depuis les années 1990 repose sur des thèmes inaccoutumés et parfois choquants dans cette société tels que l’homoérotisme, l’homosexualité féminine ou le lesbianisme. Abordant de façon franche et directe ces nouvelles thématiques qui ont trait au genre et à la sexualité, les écrivaines cubaines s’attaquent à l’ordre patriarcal en bouleversant les systèmes de pensées hétéronormatifs en place qui limitent et entravent la condition des cubaines au quotidien. Le contexte social de ladite littérature écrite par les cubaines depuis les années 1990 met en clair ou justifie la création des personnages marginaux, anticonformistes ou rebelles. C’est dans ce cadre que s’inscrit le roman Cien botellas en una pared (2010) d’Ena Lucía Portela. À travers les actions d’un de ses personnages nommé la Gofia, la romancière Ena Lucia Portela met en relief un mode discursif lesbien qui transgresse et subvertit les perceptions monologiques, autoritaires et dogmatiques sur l’identité des femmes non blanches dans la société cubaine. L’objectif de la présente réflexion consiste à décrire, d’une part, les pratiques culturelles et sexuelles héténormatives qui asphyxient les afro-cubaines lesbiennes par l’entrecroisement des discriminations, et d’autre part, comment ces femmes créent des espaces qui constituent des stratégies de résistance, et dans lesquels le discours lesbien déstabilise les structures dominantes, afin de se réapproprier leurs sexualités et leurs corps hors des contraintes patriarcales.

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Ena Lucía Portela, licenciada en Lenguas Modernas y Literatura por la Universidad de La Habana, es una escritora cubana considerada una figura destacada del movimiento literario de las novísimas. A través de este grupo de escritoras y feministas, surgido en la década de los 90, ha florecido la literatura cubana escrita por mujeres, que ha abordado temas inusuales como la prostitución, la sexualidad, las drogas, la violencia doméstica, el erotismo, etc., con el objetivo de exponer las duras realidades del periodo especial en tiempos de paz en Cuba. Este movimiento revisa, a través de una mirada más crítica, los discursos históricos y los cánones literarios mediante la abolición de las estructuras sociales patriarcales. Luisa Campuzano señala que:

[los] grupos de académicas, escritoras, artistas y comunicadoras, con apoyo institucional o sin él, comenzamos a organizarnos y a imaginar programas y acciones, convencidas de la urgencia de intervenir con nuestras prácticas culturales y profesionales específicas en la azarosa contemporaneidad de la mujer cubana, para promover la asunción de una conciencia de género, otorgar mayor visibilidad a su historia y sus realizaciones culturales, y reforzar por esta vía la autoestima tan necesaria en momentos de crisis e incertidumbres. Y, por otra parte, casi simultáneamente, comienzan también a manifestarse esos desarrollos en la literatura, particularmente en autoras no ajenas a este proyecto al que acabo de referirme. (Campuzano, 2003, p. 40)

Las novísimas crean una literatura innovadora que rompe con el canon literario cubano del pasado para dar paso a muchos temas y reivindicaciones actuales. A partir de ahí, se abordarán discursos transgresores y marginales que buscan insuflar nueva vida a los estudios de género en Cuba y toda América Latina. Estas jóvenes escritoras pretenden poner de manifiesto la dimensión social y moral de la crisis y su impacto en la vida cotidiana de las mujeres cubanas. Entre los temas importantes que abordan, la escritura ocupa un lugar especial. Su proceso de escritura revela una práctica formal que vincula la intertextualidad y el dialogismo. Este es el caso particular de Ena Lucía Portela, que utiliza la polifonía de voces en su obra literaria para resaltar la complejidad de los discursos de estos personajes, que abordan con crueldad temas relacionados con la sexualidad y la corporalidad. Campuzano lo explica:

La otra vertiente temática fundamental de la narrativa femenina de estos años es la que se ocupa, por una parte, de todo aquello de lo que antes no se hablaba, de los tabúes vinculados a los cuerpos silenciados o escamoteados en décadas – y siglos – precedentes; y, por otra parte, […] sobre la escritura como espacio de duda y realización de las mujeres. En ese sentido este segmento del corpus otorga visibilidad tanto a las formas más violentamente sutiles de represión “privada” de la mujer, como a sus estrategias letradas de rebelión frente a ellas. (Campuzano, 2003, p. 44)

El hecho de que las novísimas cuestionen el orden patriarcal poniendo de relieve estos temas ocultados, muestra una verdadera intención de derrocar este sistema falocrático que despoja a las mujeres de sus cuerpos, de sus sexualidades, de sus identidades. Además, las causas de la invisibilidad de la escritura femenina en el canon literario cubano se deben a que el periodo postrevolucionario está marcado por tensiones y exclusiones. La afirmación de la masculinidad hegemónica se hace sentir hasta el punto de que el pensamiento patriarcal como sustrato simbólico en las obras más legitimadas por la crítica literaria se impuso en las tres primeras décadas del periodo revolucionario (Hernández Hormilla, 2015, p. 186). Del homoerotismo a la homosexualidad femenina, la intertextualidad, la violencia, los personajes marginales y el humor, los escritos de Ena Lucía Portela desafían la identidad de género y racial revalorizándolos desde las asignaciones atribuidas a las representaciones de las mujeres cubanas y las personas LGBTIQ+. Campuzano sostiene que “a partir de la entrada del homoerotismo en la narrativa escrita por mujeres, Ena Lucía Portela ha hecho de la identidad lésbica uno de sus principales objetos de su indagación” (Campuzano, 2003, p. 44). Entre artículos, cuentos, ensayos, colecciones y novelas, la autora se destaca por el perfeccionismo de su estilo y la complejidad de sus temas narrativos.

Nuestro corpus de análisis Cien botellas en una pared, publicado por primera vez en 2002, obtuvo el Premio Jaén de Novela. Es el más conocido en el extranjero. La novela fue traducida por primera vez al francés por François Maspero, publicada por las ediciones Seuil en 2003, y ganó el Premio Grinzane Cavour-deux océans, concedido por la crítica francesa a la mejor novela latinoamericana publicada en Francia. Luego fue traducida al inglés, francés, portugués, neerlandés, polaco, italiano, griego y turco. La autora nos cuenta la historia de Zeta y sus amigas en pleno periodo especial en La Habana. Zeta la narradora y protagonista es una joven embarazada que hace sus primeros pasos en el mundo de la escritura. Nos presenta muchas relaciones tumultuosas entre sus grupos de amigos como su relación con su amante Moisés, la de su amiga Linda Roth, una famosa escritora lesbiana y feminista, con Alix, y la de la Gofia, una mulata lesbiana con el afán de existir como tal. A través de un lenguaje coloquial, la historia se desarrolla en un mundo de desorden, de crisis económica, de racismo persistente y de no reconocimiento a la diversidad sexual.

El análisis se basa fundamentalmente en la perspectiva de la interseccionalidad en torno al personaje secundario, llamado la Gofia, una mulata que se enfrenta a muchas opresiones. Situada en un segundo plano, la Gofia, como personaje secundario de la novela, puede parecer condenada a jugar un papel menor en la narración y en el imaginario social cubano debido a su orientación sexual y al color de su piel. Sin embargo, este tipo de personaje cada vez resulta más interesante e incluso fascinante para los escritores contemporáneos, rompiendo con los cánones literarios. La Gofia representa un lugar que merece ser explorado no sólo por su potencial narrativo, sino también los nuevos temas antes tabúes que permite introducir. Podemos preguntarnos cómo la escritura de Ena Lucía Portela revela las prácticas sociales, culturales y sexuales heteronormativas que asfixian a las lesbianas afrocubanas a través del entrecruzamiento de discriminaciones, y cómo estas mujeres representadas por la Gofia crean espacios que constituyen estrategias de resistencia, a través de los cuales el discurso lésbico desestabiliza las estructuras dominantes, para favorecer el disfrute de sexualidades y cuerpos, fuera de las restricciones patriarcales.

ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS PRÁCTICAS CULTURALES Y SEXUALES HETERONORMATIVAS: PUNTOS DE REFERENCIA DE LAS DISCRIMINACIONES

En la actualidad, muchas investigadoras feministas recurren a enfoques interseccionales para comprender y actuar sobre las desigualdades que sufren ciertos grupos de mujeres marginadas (Harper, Kurtzman, 2014, p. 15). La teorización de estas múltiples opresiones que se entrecruzan ha dado lugar a lo que ahora se conoce como “interseccionalidad”. Aunque fue en la década de 1990 cuando Kimberlé Crenshaw lo empleó en sus análisis, sus orígenes suelen atribuirse al feminismo negro y al posestructuralismo europeo. En efecto muchas activistas como Sojourner Truth, Frances Harper y Harriet Tubman, ya reflexionaban sobre la simultaneidad de los sistemas de opresión (Combahee River Collective, 2006, p. 55). El objetivo de esta teorización era desarrollar un campo para analizar las opresiones a las que se enfrentan las mujeres negras y construir una estrategia política para cambiar las relaciones sociales entre las mujeres y dentro de la comunidad afroamericana (Harper, Kurtzman, 2014, p. 16). Así, Patricia Hill Collins define la interseccionalidad como: “un análisis que afirma que los sistemas de raza, clase social, género, sexualidad, etnia, nación y edad forman mutuamente la construcción de las características de la organización social, que dan forma a las experiencias de las mujeres negras y, a su vez, son formadas por mujeres negras” (Hill Collins, 2000, p. 299). Hill Collins ofrece un análisis que va más allá de la perspectiva política de las feministas negras en Estados Unidos para abordar las opresiones a las que se enfrentan las mujeres en general. Explica que es importante poner “[l]as experiencias de las mujeres estadounidenses negras en el centro del análisis sin privilegiar esas experiencias” (Hill Collins, 2000, p. 228). Esto significa que las luchas de las mujeres afroamericanas pueden utilizarse como base o punto de referencia en un marco epistemológico de las opresiones simultáneas que experimentan los grupos de mujeres en las diferentes sociedades contemporáneas.

En el contexto cubano, la organización social después de la revolución de 1959 se basó, entre otras cosas, en el factor de apaciguamiento social, la reforma económica y la homogeneización de la cultura cubana. Sin embargo, la crisis económica de la década de 1990 agudizó las desigualdades sociales y raciales que el gobierno revolucionario intentaba erradicar. Mayra Espina señala que “a pesar de la efectividad de la política social integradora del socialismo cubano, algunas desventajas históricas no han podido ser removidas en todas sus expresiones, en buena medida debido al modelo universalista y homogeneizador de la política social” (Espina Prieto 2008, p. 14). Cuba, la gran isla del Caribe hispanohablante, tiene un campo cultural complejo. Los rasgos de la colonización siguen presentes en esta cultura respecto a la jerarquización de género, la sexualidad y la raza. Géraldine Morel explica que “[l]es multiples héritages culturels et religieux de la société cubaine dont le machisme espagnol et les dogmes religieux traditionnels définissent l’identité sexuelle, de genre et de race de manière stricteˮ (Morel, 2013). El personaje de la Gofia concentra en ella estos problemas de la sociedad cubana por ser una mujer, una negra y una lesbiana. La imbricación de estas opresiones la coloca en una situación de subordinación. A través de la onomástica, Ena Lucía Portela revela un personaje poco convencional: la etimología de “la Gofia” proviene del sustantivo “gofio”, un alimento prehispánico que comían los indígenas de Canarias, los guanches (Trapero, 2018). Es muy popular en el Caribe hispanohablante y en varios otros países de América Latina. Hay dichos que se formaron a partir del término “gofio” como en Cuba donde, para expresar desprecio hacia personas de poco valor, se dice “comegofio”, así como “estar de gofio” para “estar bien” (Trapero, 2018). La Gofia reúne ambas características, la de ser considerada como una persona de poco valor por su sexualidad, su raza, su sexo, su clase social, y la de su afán de vivir a pesar de los prejuicios. Prefiere el nombre de “la Gofia” a su nombre real, “Ana Cecilia Ramos” (Portela, 2010, p. 211), para marcar una confusión de su identidad sexual. Sin embargo, el discurso hegemónico admite sólo un binarismo masculino/femenino y una única sexualidad posible, la heterosexualidad. A partir de este momento, la Gofia se convierte en un sujeto abyecto no sólo por su cuerpo femenino, sino también por las acciones que caracterizan a este cuerpo, incluida su sexualidad lesbiana, que es vista como antinatural. Julia Kristeva identifica este tipo de abyección como la formación del sujeto que implica la aceptación de la norma a través de un proceso ambivalente, que incluye el rechazo psíquico a todo lo que se considera culturalmente repulsivo. Añade que “la abyección es el movimiento de expulsión y rechazo que marca los límites del universo humano” (Kristeva, 1989, p. 18). Lo abyecto es desestabilizador, tanto para el sujeto como para la cultura, por lo que todo lo que es rechazado por la cultura da lugar al asco. Judith Butler explica que:

La formación de un sujeto requiere una identificación con el fantasma normativo de “sexo”, y esta identificación ocurre por medio de un repudio que produce un dominio de abyección, un repudio sin el cual el sujeto no puede emerger. Se trata de un repudio que crea la valencia de “abyección” y su estatus para el sujeto como un espectro amenazante (Butler, 2009, p. 3).

En cuanto la Gofia transgrede las prácticas fundamentales de la cultura cubana en materia de sexualidad, se convierte en objeto de exclusión social junto con todas las mujeres de su misma orientación sexual. Las reacciones de sus vecinos conservadores refuerzan la idea de que la sexualidad no normativa es una abominación, un sacrilegio, cuando la novia de la Gofia:

[…] colocó en la puerta un letrero que decía: “No se admiten machos ni otros animales apestosos”. Esto, como de suponer, causó escándalo en el barrio. Qué frescura. Qué atrevimiento. Qué depravación. Qué tortilleras más descaradas. Había que avisar a la policía para que se las llevaran presas. Porque en el edificio y sus alrededores vivían familias decentes, normales, con chamas y todo. (Portela, 2010, p. 196).

La anáfora utilizada en este fragmento – “Qué frescura, qué atrevimiento, qué depravación, qué tortilleras más descaradas” (Portela, 2010, p. 196) – refleja claramente el sentimiento lesbofóbico de la comunidad cubana en aquel tiempo. Para este último, las lesbianas deben ser encarceladas no sólo porque no cumplen los criterios heteronormativos, sino también porque supuestamente padecen una patología conductual relacionada con trastornos psicológicos. Las tensiones son palpables entre la comunidad LGBTIQ+ y la heteronormatividad de la sociedad cubana. En efecto, tras el triunfo de la revolución cubana en 1959, Fidel Castro consideró la homosexualidad como una de las consecuencias del capitalismo. Los primeros tiempos del régimen castrista fueron muy represivos para con los homosexuales, quienes quedaron marginados. Durante la década de 1960 se produjeron muchos encarcelamientos, muchos homosexuales considerados como enfermos psiquiátricos fueron enviados a campos de reeducación denominados “Unidades Militares de Ayuda a la Producción” (UMAP) entre 1965 y 1968 (Fuente, 2017). Los homosexuales hacían trabajos forzados en estos campos, lo cual sigue presente en la memoria del pueblo cubano. Matías Alderete explica que “[l]a homosexualidad no solo era considerada una desviación, sino también un problema político: su incapacidad de ser revolucionarios los transformaba automáticamente en reaccionarios” (Alderete, 2013, p. 12). El régimen castrista consideraba a los homosexuales como contrarrevolucionarios y los colocaba al margen de la sociedad. Y a veces se solía confundir la disidencia sexual con la disidencia política. El fragmento “Había que avisar a la policía para que se las llevaran presas” (Portela, 2010, p. 196) demuestra la heterosexualidad obligatoria que niega la existencia de las lesbianas y, por consiguiente, encierra a estas mujeres en un mutismo. El silencio impuesto a las lesbianas las convierte en sujeto abyecto, como ya lo hemos señalado.

La Gofia y su novia se sienten insultadas por el vecindario heterosexual que pronuncia estas palabras: “Qué frescura. Qué atrevimiento. Qué depravación. Qué tortilleras más descaradas”. El insulto es un ataque a los valores humanos en la medida en que es una palabra o un acto que hiere. También es “una marca de distinción jerárquica” (Lagorgette, 2006, p. 40). Desde este punto de vista, la heterosexualidad y la homosexualidad están en permanente conflicto, ya que la primera niega a la segunda el estatus de sexualidad por derecho propio. Y una de las consecuencias de este rechazo al reconocimiento es la violencia verbal hacia los homosexuales. Ena Lucía Portela subraya un dualismo entre la pareja de “tortilleras más descaradas” frente a “las familias decentes, normales, con chamas” (Portela, 2010, p. 196). La imagen de las lesbianas y de los homosexuales en general es asimilada a un delito dentro de las familias cubanas. El establecimiento de las normas sociales por el patriarcado revela un sistema de subordinación y de invisibilidad para las personas que no se someten a estas. Como lo subraya Sophie Large, “[…] más allá de la violencia y de los insultos sexistas y homófobos […] el patriarcado se vislumbra a través de su complicidad con las instituciones, en particular el Estado y la Iglesia (católica o evangélica)”. (Large, 2017). La Gofia y su novia son oprimidas a través del discurso por las llamadas “familias decentes”. El primer sistema de dominación y de subordinación es el patriarcado.

La estructura patriarcal de la sociedad cubana se manifiesta en función de la raza, el sexo y la clase social. Este sistema patriarcal ha perpetuado un orden jerarquizado elaborando principios ideológicos vistos como universales. El acto de hablar es importante para pensar en la vida social porque el lenguaje es la primera relación social entre los humanos. Así, la frase “[n]o se admiten machos ni otros animales apestosos” (Portela, 2010, p. 196) provoca un escándalo. Se considera como una abominación el hecho de que la Gofia y su novia hayan hablado para advertir a los hombres y a cualquier persona en contra del lesbianismo. La consecuencia es que los discursos heteronormativos confiscan la libertad de expresión de las lesbianas. La heterosexualidad normativa defendida por los discursos dominantes representa una fuente de opresión de las lesbianas y de las personas no normativas. Según Monique Wittig, “[c]es discours [hétéronormatifs] nous nient toute possibilité de créer nos propres catégories, ils nous empêchent de parler sinon dans leurs termes et tout ce qui les remet en question est aussitôt méconnu comme ‘primaire’” (Wittig, 2018, p. 70). Las tensiones son evidentes cuando se trata de derribar las normas heteropatriarcales establecidas. Ena Lucía Portela destaca una dicotomía: la profanación representada por “las tortilleras” y lo sagrado representado por “las familias decentes, normales”. La homosexualidad se considera una desviación pagana y/o psicológica y su denuncia es categórica. Judith Butler se sitúa en la misma estela del análisis de Monique Wittig sobre la performatividad del discurso hegemónico. Butler subraya que:

Las mujeres, las lesbianas y los hombres gays, afirma Wittig, no pueden aceptar la posición del sujeto hablante dentro del sistema lingüístico de la heterosexualidad obligatoria. Hablar dentro del sistema es estar privado/a de la posibilidad del habla; por consiguiente, hablar dentro de ese contexto es una contradicción performativa: la afirmación lingüística de un yo que no puede “ser” dentro del lenguaje que lo afirma. (Butler, 2007, p. 232)

El habla con franqueza de la homosexualidad femenina sigue irritando, así como la falta de consideraciones. El grupo de novísimas con la pluma de Ena Lucía Portela, destaca las dimensiones sociales y morales de la crisis en la vida cotidiana de estas mujeres cubanas. Ahora la Gofia es descrita como una “mulatica espigada” (Portela, 2010, p. 144). El factor étnico no puede anular las prácticas culturales cubanas que marginan a las mujeres afrocubanas. Según el Comité Ciudadano de Integración Racial de Cuba (CIR), el carácter estructural de la actual marginación de los afrocubanos es consecuencia de la estructura social y económica racializada que la revolución cubana no pudo resolver en sus tres primeras décadas y cuyos efectos han resurgido en los años 90 durante el período especial en tiempos de paz hasta la actualidad (CIR, 2017, p. 4). Pedro Pérez Sarduy sostiene que “[l]a crise économique des années 90 a accentué sans aucun doute les inégalités raciales à Cuba” (Miampika, 1999, p. 3). En el proceso de reforma económica postrevolucionaria, los afrocubanos fueron excluidos de las principales áreas de actividad económica. Para sobrevivir, la Gofia organizaba fiestas ilegales en su apartamento y “La entrada costaba diez pesos. O sea, una menudencia, una señal de buena voluntad, algo con que ayudar a cubrir los gastos […] También se aceptaban contribuciones en especie […] hasta un cake de chocolate” (Portela, 2010, p. 197). Esto cuestiona los discursos positivos de los escritores cubanos del siglo xx, como Nicolás Guillén, sobre la mulata, que constituía un símbolo de la identidad nacional cubana debido a la fusión entre África, América y Europa. Es evidente que el Estado cubano ha reconocido la existencia del problema racial, pero sigue negándose a tomar las medidas necesarias para una correcta comprensión de la cuestión. Omar Everleny añade que:

Las reformas institucionales de mediados de los 90 permitieron que las fuentes de ingresos de la población se diversificaran. El creciente papel del mercado en la generación de ingresos como las estrategias diseñadas por la población se expresaron en una paulatina diferenciación social que aún se mantiene, a pesar de las medidas adoptadas en el marco de la llamada “Batalla de Ideas” (Everleny, 2008, p. 50).

Las reformas constitucionales también afectan a las comunidades afrodescendientes, ya que “[le] cinquième chapitre de la Constitution socialiste promulguée en février 1976 proscrit catégoriquement toute discrimination raciale à Cuba” (Cisneros, 2002, p. 9). Una vez implantadas estas reformas, abordar la cuestión de la discriminación racial se convirtió en un tabú, ya que era difícil hacerlo sin poner en peligro el ideal de cohesión social, que en última instancia se convirtió en cómplice de la discriminación al no admitir que pudiera existir. La reivindicación de una identidad afrodescendiente va de la mano de la construcción de la identidad de género, de clase y de sexualidad. La Gofia sufre no tres sino cuatro discriminaciones por ser mujer, mulata, lesbiana y pobre. Veremos ahora las estrategias de resistencia del personaje a las normas heteropatriarcales que limitan la vida de las lesbianas afrocubanas.

CREACIÓN DE ESPACIOS COMO ESTRATEGIAS DE RESISTENCIA A LOS DISCURSOS HETERONORMATIVOS

Ena Lucía Portela se propone deconstruir a través de la Gofia el discurso oficial y sus códigos de conducta mediante la subversión performativa. Se entiende por “subversión” aquí el afán de transgredir las normas tanto sociales y sexuales como políticas. Si los discursos heteronormativos constituyen la línea de conducta de la sociedad a través de sus prácticas y el hecho de repetirlas, pueden ser también subversivos. La Gofia se reapropia del lenguaje dominante a través de su inusual estilo de mujer:

[Lleva un] short de mezclilla bastante ripioso, cortísimo y ajustado, una blusa de seda azul, cuello alto, mangas largas, hombreras, un dragón chino vomitando llamaradas auras en medio del pecho, y el pelo recogido en tres moños, verde perico el de la izquierda, rojo mamey el de la derecha y amarillo pollito el del centro, se mordía los labios pintados de negro (Portela, 2010, p. 144).

Su aspecto físico la sitúa como no-normativa porque no respeta los códigos establecidos por la sociedad en lo que se refiere a la belleza femenina. Como se sabe, el ideal de belleza femenina es una construcción social occidental formada a partir del atractivo físico, la manera de vestirse, el color de la piel o el comportamiento, de modo que las mujeres deben típicamente esforzarse por adecuarse a él. Esta construcción social occidental se basa en creencias heteronormativas que influyen en las mujeres de todas las orientaciones sexuales. En lugar de ajustarse a los estándares tradicionales de belleza femenina occidental, la Gofia opta por un estilo rastafari1 que simboliza la resistencia ante la opresión. Blanca Luz Sojo-Mora apunta que:

[…] la feminidad proviene de dos factores: apariencia y comportamiento. A partir de esto, se concluye que la feminidad tiene una vinculación directa con el cuerpo de las mujeres y se basa en ideales, estereotipos, roles y normas asignados por la estructura patriarcal, los cuales se han instaurado y permeado en las corporalidades, desde la forma de pensar hasta la reproducción de comportamientos, con el consecuente impacto en la vida de las mujeres. De este modo, se entiende que el modelo de feminidad es socializado por toda una estructura, para ser instaurado, reproducido y mantenido (Sojo-Mora, 2020, p. 46).

El cuerpo de la Gofia se convierte en un espacio de resistencia para luchar contra las asignaciones devaluadoras que se le atribuyen como mujer. Es una provocación a los discursos dominantes porque resignifica las normas establecidas. Partiendo de la idea de que el cuerpo es portador de la división de género encarnada en la organización social y asimétrica de los sexos, representa para la Gofia una “desterritorialización” (Deleuze, Guatarri, 1975, p. 29) de la heteronormatividad. El personaje masculiniza su aspecto y se aprovecha de que tiene un cuerpo de género neutro con sus “tres moños, verde perico, amarillo y rojo mamey” (Portela, 2010, p. 144). No es en vano que la Gofia haya elegido mostrarse con ese aspecto. Los colores de su cabello son muy significativos porque revelan una semiótica particular y simbolizan un lenguaje silencioso superior al de las palabras. El verde representa el optimismo, la esperanza, el crecimiento y la riqueza africana. A pesar de las barreras del sistema heteropatriarcal, la Gofia se mantiene optimista y esperanzada en la mejora de las condiciones de vida de la comunidad LGBTIQ+. El amarillo expresa la alegría de vivir, el resplandor, la luz, la reapropiación de los cuerpos de las lesbianas. Por último, el rojo evoca la fuerza con la que supera la estigmatización cotidiana; el viaje que da testimonio de la tragedia en el Caribe hispanohablante y de las luchas de las comunidades negras por adquirir su libertad y reconstruir su identidad. Además, el hecho de que la Gofia exhiba con orgullo estos colores rastafaris sugiere su voluntad de enfrentarse a este movimiento cultural, religioso y político. La Gofia desafía y se reapropia este sistema que considera lo rastafari como “una forma de organización social en la que el varón ejerce la autoridad en todos los ámbitos, asegurándose la transmisión del poder y la herencia por línea masculina” (Velázquez Pérez, Muñoz Padilla, 2018), para afirmarse como una mujer negra y lesbiana en una sociedad racista y patriarcal. La ideología rastafari defiende y reproduce las costumbres patriarcales africanas en cuanto al tratamiento subalterno reservado a las mujeres y los homosexuales. Además, el estilo rastafari adoptado por la Gofia es también un símbolo de revolución de su orgullo afrodescendiente. A este respeto, el “dragón chino vomitando llamadas auras en medio del pecho”, así como los “tres moños verde perico, amarillo y rojo mamey” (Portela, 2010, p. 144) se leen como una metáfora de la bandera del antiguo imperio de Etiopía con el que se identifican los rastafaris. El “dragón chino vomitando” en el pecho de la Gofia simboliza el león rasta sobre la bandera, y los tres moños su melena así como sus colores. Hablando de alegría de vivir, el cuerpo de la Gofia disuelve los discursos convencionales de obediencia cuando

se consiguió una novia (porque ella en el amor y otros demonios, siempre habla en término de “conseguir” […] En el cabaret […] La Gofia llevaba la danza por dentro. […] en Club de la Esgrima. Qué ligera. Qué grácil. […] Manejaba el florete como si fuera la batuta de un director de orquesta. Si en la esgrima, como sucedía en la equitación, hubiera existido un premio a la elegancia, nadie en todo nuestro planeta lo hubiese merecido más que la Gofia (Portela, 2010, p. 194).

Este fragmento demuestra que la Gofia triunfa con gracia en todo lo que hace. Ena Lucía Portela utiliza la escritura de la sublimación textual, es decir que exalta y perfecciona a su personaje destacando los puntos fuertes de la Gofia para mostrar cómo el hecho de que la Gofia sea mulata y lesbiana no limita su deseo de disfrutar la vida. Se niega a limitarse a los discursos degradantes y ve en sí misma cualidades que le permiten vivir libremente y dar sentido a su vida. La situación de las personas LGBTIQ+ ha evolucionado, aunque todavía queda mucho por hacer. De hecho, actualmente en Cuba no existe represión institucional o penal contra las personas LGBTIQ+ (Fuente, 2017). Gracias al Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) dirigido por Mariela Castro, hija de Raúl Castro, los derechos de las personas LGBTIQ+ mejoraron en la isla. En este punto, el territorio de la sexualidad se convierte en un espacio de lucha contra las prácticas discursivas de los discursos dominantes cuando la Gofia y su novia se enfrentan a la comunidad heterosexual “porque ambas eran guaposas, caimanas, luchadoras […] a la Gofia le fascinó la iniciativa de Mari la Roja. Con esa declaración explícita comenzaba la era de las fiestas para mujeres” (Portela, 2010, p. 196). La Gofia y su novia demuestran con sus acciones que son provocadoras al orden patriarcal. El sujeto abyecto se transforma en una catarsis, es decir, en un alivio de la abyección. La Gofia se convierte en una heroína de la gente de su condición y crea un espacio colectivo en el que toda lesbiana puede expresarse libremente. Además, “[…] en casa de la Gofia, se había abierto un espacio permisivo. Un sitio donde expresar con entera libertad sentimientos y deseos que a menudo se ocultaban o se reprimían. Un lugar donde conocerse unas a otras y tal vez pescar una pareja. Un islote dentro de la isla” (Portela, 2010, p. 198). La casa de la Gofia se convierte para las lesbianas en un espacio de conquista de la subversión en respuesta a la marginación que sufren por parte de la norma que las sofoca. La exclusión de las lesbianas del espacio público las lleva constantemente a buscar un contra-espacio, un espacio de socialización en el que no tengan que ser juzgadas por lo que son. Es un espacio de discusión donde los valores feministas interseccionales se entrelazan.

CONCLUSIONES

En resumidas cuentas, los procedimientos narrativos y estilísticos utilizados por Ena Lucía Portela en su novela para acompañar la construcción de la identidad de su personaje de la Gofia forma parte evidentemente de la resistencia al discurso heteropatriarcal. La representación literaria de la Gofia en Cien botellas en una pared constituye una ruptura con las normas literarias, culturales y sociales de la identidad monolítica. Aunque la novela no se presenta inmediatamente como una novela política, revela sin embargo las turbulencias que constriñen la vida de las mujeres cubanas. El contra-espacio o contra-discurso hegemónico que la autora establece en torno a su personaje lésbico refleja un lugar de plenitud y benevolencia para las personas de su condición. Ena Lucía Portela, al difundir estos discursos transgresores e innovadores, participa en la difusión del conocimiento de la literatura de las novísimas, que llena en parte la necesidad de las mujeres cubanas de reflexionar sobre su condición.

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Notes

1 “La cultura rastafari surge y se desarrolla en Jamaica, a partir de 1930. Desde sus inicios se convirtió en un movimiento de resistencia y una respuesta cultural alternativa frente al colonialismo vivido por varios siglos en esta isla caribeña. Los postulados ideológicos promovidos por esta, desde las etapas iniciales, exaltaban el orgullo racial, la valorización de la cultura y la historia de África; a través de dos corrientes de pensamiento: el etiopianismo y el garveyismo” (Pulgarón Garzón, 2019, p. 377). Return to text

References

Electronic reference

Nancy-Diane NFONO ONDO, « Performatividad del discurso lésbico en Cien botellas en una pared (2010) de Ena Lucía Portela », Sociocriticism [Online], XXXVII-1 | 2023, Online since 06 octobre 2023, connection on 14 juin 2024. URL : http://interfas.univ-tlse2.fr/sociocriticism/3472

Author

Nancy-Diane NFONO ONDO

Doctoranda, Centro de Estudios Ibéricos e Iberoamericanos (CEIIBA), Universidad Toulouse Jean Jaurès

Doctoranda en Estudios literarios hispanoafricanos e hispanoamericanos en la Universidad de Toulouse Jean-Jaurès bajo la dirección de la profesora Michèle Soriano, mi investigación se centra en cuestiones de género en las relaciones Sur-Sur y, más concretamente, sobre las representaciones de las mujeres marginadas y racializadas en la literatura cubana y la literatura guineoecuatoriana. Mi tesis se titula: Feminismo y desterritorialización en la expresión literaria afrohispánica: las representaciones de las mujeres negras en las novelas Guineo ecuatoriana Ekomo (1985) de María Nsue Angüe y cubanas Las criadas de La Habana (2001) de Pedro Pérez Sarduy y Negra (2013) de Wendy Guerra.