De España en su historia a la sociocrítica de Edmond Cros

Un nuevo fundamento para la lectura de la literatura contestataria del Siglo de Oro español

  • From España en su historia to the sociocriticism of Edmond Cros: a new foundation for reading the rebellious literature of the Spanish Golden Age
  • De España en su historia à la sociocritique d'Edmond Cros : une nouvelle base de lecture de la littérature insoumise du Siècle d'Or espagnol

La aportación de Edmond Cros al hispanismo se vuelca llamativamente en grandes obras de la literatura española del siglo XVI y comienzos del XVII. Sobre ella se inició como investigador y con ella forja en buena parte su teoría y algunos grandes logros críticos. En lo referido a los textos hispanos siguió un aquilatado magisterio de hispanistas franceses, además de teorías formuladas en dicho ámbito francés. No se puede decir que tuviera entre sus modelos de investigación las llevadas a cabo por Américo Castro, por más que este haya diseminado su saber entre los estudiosos posteriores de la lengua y literatura españolas. Sin embargo, es reconocible un hilo conductor entre Américo Castro y Edmond Cros. Esta continuidad no es en la metodología sino en haberse ocupado de un periodo conflictivo de la cultura y literatura españolas con alcance explicativo para épocas posteriores. Por esta razón se toma para el presente trabajo el referente de Américo Castro para, de manera comparativa, destacar el valor de la aportación del hispanista francés. Ciertamente, el filólogo granadino está todavía condicionado por la ciencia literaria alemana y el vitalismo de Ortega, así como por el trauma de la Guerra de España; y su apelación al trasfondo socio-histórico de la cultura española limita su teoría-interpretación al caso español. Edmond Cros, por su parte, plantea la teoría con un alcance más complejo y general. A ella se dedicará el grueso del presente estudio, pues la incursión crosiana en obras como las de la novela picaresca o el Quijote, no solo estimula y pone a prueba satisfactoriamente la teoría, sino que con el rico instrumental sociocrítico atento a la textualidad esclarece de manera fructífera la que se ha llamado “edad conflictiva” de la cultura española.

Edmond Cros' contribution to Hispanicism is strikingly reflected in great works of Spanish literature from the 16th and early 17th centuries. He began as a researcher on it and with it he largely forged his theory and some great critical achievements. Regarding Hispanic texts, he followed a proven teaching of French Hispanists, in addition to theories formulated in that French field. It cannot be said that he had among his research models those carried out by Américo Castro, even though he has disseminated his knowledge among subsequent scholars of Spanish language and literature. However, a common thread between Américo Castro and Edmond Cros is recognizable. This continuity is not in the methodology but in having dealt with a conflictive period of Spanish culture and literature with explanatory scope for later times. For this reason, the reference of Américo Castro is taken for this work to, in a comparative way, highlight the value of the contribution of the French Hispanist. Certainly, the Granada philologist is still conditioned by German literary science and Ortega's vitalism, as well as by the trauma of the Spanish War; and his appeal to the socio-historical background of Spanish culture limits his theory-interpretation to the Spanish case. Edmond Cros, for his part, presents the theory with a more complex and general scope. The bulk of this study will be dedicated to it, since Crosian's incursion into works such as the picaresque novel or Don Quixote not only stimulates and satisfactorily tests the theory, but with the rich socio-critical instrument attentive to textuality it clearly clarifies fruitfully what has been called the “conflictual age” of Spanish culture.

La contribution d'Edmond Cros à l'hispanisme se reflète de manière frappante dans les grandes œuvres de la littérature espagnole du XVIe et du début du XVIIe siècle. Il a commencé comme chercheur dans ce domaine et a ainsi forgé en grande partie sa théorie et quelques grandes réalisations critiques. Concernant les textes hispaniques, il a suivi un enseignement éprouvé des hispanistes français, en plus des théories formulées dans ce domaine français. On ne peut pas dire qu'il ait eu parmi ses modèles de recherche ceux menés par Américo Castro, même s'il a diffusé ses connaissances parmi les spécialistes ultérieurs de la langue et de la littérature espagnoles. Pourtant, un fil conducteur entre Américo Castro et Edmond Cros est reconnaissable. Cette continuité ne réside pas dans la méthodologie mais dans le fait d'avoir traité une période conflictuelle de la culture et de la littérature espagnoles avec une portée explicative pour les époques ultérieures. C'est pour cette raison que la référence d'Américo Castro est prise pour cet ouvrage afin de mettre en valeur, de manière comparative, la valeur de l'apport de l'hispaniste français. Certes, le philologue grenadin est encore conditionné par la science littéraire allemande et le vitalisme d'Ortega, ainsi que par le traumatisme de la guerre d'Espagne ; et son appel au contexte socio-historique de la culture espagnole limite son interprétation théorique au cas espagnol. Edmond Cros, quant à lui, présente la théorie dans une portée plus complexe et plus générale. La majeure partie de cette étude lui sera consacrée, car l'incursion de Cros dans des œuvres comme le roman picaresque ou Don Quichotte non seulement stimule et teste de manière satisfaisante la théorie, mais avec le riche instrument socio-critique attentif à la textualité, elle clarifie clairement et fructueusement ce qui a été été appelée « l’âge conflictuel » de la culture espagnole.

Plan

Texte

Introducción

Se alude en el título del presente trabajo como punto de referencia inicial no tanto al título del libro que Américo Castro terminó de escribir en 1946 y que se publicó dos años después con el título de España en sus historia. Cristianos, moros y judíos, sino a la idea que este libro representa. Vislumbrada por el hispanista granadino en monografías críticas anteriores, ahí arranca su propuesta histórico-crítica sobre el desarrollo de la literatura española, especialmente de las etapas constitutivas y conflictivas, propuesta que fue perfilada y defendida de forma aguerrida en publicaciones suyas posteriores. Su forma de explicación de la creación literaria está ligada inextricablemente a una perspectiva histórica y a una pregunta sobre el ser de España, como señala el sintagma “España en su historia”.

Lo que pretende no obstante el presente trabajo es ahondar en el estudio de la producción teórica y crítica del hispanista francés Edmond Cros, producción teórico-crítica que se conoce bajo el marchamo de sociocrítica. También es propósito destacar las consecuciones y sugerir posibilidades aún abiertas por la sociocrítica crosiana, sobre todo, como se verá, en lo que respecta a una etapa histórica y una literatura española crucial, en cuya investigación se formó Edmond Cros, doctor “de estado” con una tesis doctoral sobre el Guzmán de Alfarache. Evidentemente es la etapa histórico-literaria que Américo Castro investigó con más ahínco, abriendo un importante camino al hispanismo internacional. Por esta razón se toma como punto de referencia para calibrar el logro teórico y apuntar posibles alcances de la obra del hispanista de Montpellier, sensiblemente mayores si se le considera a estas alturas del discurso crítico del siglo XXI, independientemente de su éxito o difusión en esta época en que ya casi no cuenta el intelectual como figura social.

Conviene precisar que el propósito central no es comparar ambas biografías intelectuales. El diferente contexto de investigación, debido a una diferencia de medio siglo de edad, y a magisterios y opciones intelectuales diferentes, harían estéril tal planteamiento. Además, salta a la vista que en el investigador Américo Castro hay un interés por desentrañar su propia identidad española, tesitura a la que es ajeno Edmond Cros. Es preciso en estas líneas iniciales insistir en que la presente investigación coloca en primer plano de atención una temática historiográfica y crítica, la de la literatura española e hispanoamericana con especial atención a dicha época clave, con el fin de arrojar luz sobre la aportación de Edmond Cros si bien tomando con referencia los hitos investigadores de Castro. Este denominó esa época como edad conflictiva (De la edad conflictiva. Crisis de la cultura española en el siglo XVII1, 1961). En esa coyuntura, la presión social de la aristocracia de sangre y la ortodoxia intensifica el conflicto y hace que se trasluzca la cultura reprimida; por esta razón parte de esa literatura se puede considerar literatura contestataria con consciencia o sin ella.

A salvo de las diferencias antes señaladas entre ambos críticos, el presente trabajo también pretende señalar un hilo de continuidad, que no se debe solamente al hecho de que Edmond Cros estuviese al tanto de lo aportado por Américo Castro, sino porque este, aun explicitando su rechazo del marxismo, psicoanálisis, estructuralismo y otras perspectivas de las que tuvo conocimiento, paradójicamente muestra en su discurso un componente sociológico y estructuralista –por no mencionar lo que también hay de psicoterapéutico y regenerador colectivo– tal como ha sido apuntado en un estudio publicado (Linares 2024). Sin reconocer este hilo de continuidad, elegido entre otros muchos posibles, claro está, no podríamos calibrar algunos aspectos del alcance de las propuestas del hispanista francés aquí estudiado.

Tratándose de un mismo marco disciplinar, el del hispanismo2, se hace necesario, en una primera parte del trabajo, dilucidar los aspectos teóricos, de explicación de textos e historiográfico-literarios en que la sociocrítica marca distancias3. Sobre todo en cuanto a las teorías implicadas, nos hacemos cargo de cómo esta se sitúa en una nueva órbita de afirmación del texto y de relevancia de la teoría, órbita que se conoce en Francia como “nueva crítica”.

En una segunda parte nos ocupamos de la explicación de textos, más meticulosamente circunscrita en el caso de Edmond Cros, aunque como no podría ser de otro modo, también incisivamente comprobatoria y fundadora de la teoría. Los textos considerados son, como venimos anticipando, los relacionados con la conflictividad del Siglo de Oro. En esto no hay más que hacerse eco del foco de interés de los dos investigadores.

Por último se considerará la perspectiva historiográfica, no ya tanto en su aspecto epistemológico programático, sino en cuanto permite el encaje de la comprensión de los textos estudiados, y aun más lejos, podría permitir una comprensión global y en progresión de la entidad denominada “literaturas hispánicas”. En ambos críticos la metodología analítica e interpretativa fraguada fundamentalmente en textos de los siglos XVI y XVII se tiende a proyectar en el conjunto de la historia literaria hispana.

1 El marco disciplinar del hispanismo

La vertebración del hispanismo internacional viene dada por la disciplina filológica, conjunto de dispositivos conceptuales y métodos que sirven a la edición de textos y a la explicación de los mismos en su contexto cultural, así como por extensión los variados aspectos la misma cultura y la sociedad. La perspectiva histórica, con diversos enfoques, no deja de estar presente. Este es el caso del hispanismo francés, que metodológicamente tiende a hacer confluir la historia literaria, social y de pensamiento (Blecua, 1993, p. 716). Pueden presentar orientaciones epistemológicas destacadas, como es el caso del positivismo en Francia, pero también es cierto que las filosofías más influyentes ceden espacios de confluencia según etapas y países.

La Escuela Española de Filología, guiada por Ramón Menéndez Pidal e institucionalizada a través del Centro de Estudios Históricos, se caracteriza por su fundamento positivista y componente también idealista. Dentro de ella Américo Castro se forma inicialmente en el estudio de lengua española (historia comparativa de la lengua), siguiendo el modelo de Wilhelm Meyer-Lübke, de quien aprendió en París y traduce Introducción a la Lingüística románica (1901) en 1914; y se responsabiliza del Instituto de Lexicografía del Centro. Pero se desenvuelve también en el estudio de los textos literarios, que con el tiempo atraerá casi toda su atención. Esto supone también las consideraciones de la historia y la cultura que permiten la explicación de los textos. Al respecto comienza editando el Buscón y obras de teatro del Siglo de Oro, indaga sobre el honor, y ya con más envergadura, estudia el pensamiento de Cervantes (El pensamiento de Cervantes, 1925) donde el erasmismo es un factor tenido en cuenta.

Américo Castro no explicitó una filosofía de su “ciencia” literaria, por más que hoy hablemos con frecuencia de sus “ideas” o de su “pensamiento”. Según él mismo viene a reconocer, se basa en Max Scheler y en la “ciencia humanológica” de Dilthey, entre otros, y también los mismos textos cervantinos estudiados se convierten en guía metodológica: “Me armé para mi uso personal un cóctel hispano(semítico)-romántico-germánico…” (Carta a Márquez Villanueva de 1969, en Gilman, 1971, p. 135).

A pesar de esta base teórica poco delimitada, paradójicamente tenemos que reconocer que alcanza un gran logro teórico-literario. Se atreve a levantar, en confrontación con los textos, el edificio teórico sugestivo y polémico que nos ha legado.

Las visiones de conjunto sobre la obra de Américo Castro (Laín Entralgo dir., 1971, p. 9-169) nos la presentan efectivamente como plasmación de un aquilatado itinerario a través del cual aunando pensamiento y labor historiográfica, ha ido descubriendo y explicando una realidad que es también su realidad. Esta implicación subjetiva, la proyección de su vivencia sobre lo que trata de esclarecer, hace que se desplieguen hipótesis y revisiones sobre la literatura española al tiempo que vive su experiencia. Tras una serie de inquietudes e hipótesis, los acontecimientos de la Guerra Española le hacen retroyectar con más convencimiento su percepción del problema de España sobre una historia conflictiva que venia atisbando. Y en ese punto de encuentro se forma una idea sobre el ser de los españoles.

Por esto se suelen señalar dos etapas en el desenvolvimiento de su pensamiento. En una primera, los hitos literarios estudiados bajo dicha metodología participativa y en buena parte intuitiva sobre su objeto, le empiezan a desvelar esa dinámica de conflicto de “castas” que es al mismo tiempo formativa de la cultura; y en una segunda asienta la hipótesis sobre tal realidad y rehace la visión conjunta de la historia, desde la Edad Media hasta la posguerra española, donde las obras estudiadas tienen ya un anclaje en la explicación del conjunto. Sin interés por la historia externa o positivista de la literatura aunque pertrechado de datos como buen filólogo, elabora no obstante una radical historia de la literatura, pues la gran literatura, como las ideas y la cultura que esta textualiza, son para él la manifestación del mismo vivir histórico. Tal método no se puede generalizar porque las condiciones del sujeto colectivo España son únicas, lo mismo que es único el sujeto investigador; y del mismo modo que la vida se da en su hacerse, el encuentro con ella es también un hacerse. La superación de esta aparente limitación es que el sujeto investigador actúa como sujeto colectivo a través de su actividad razonadora “científica” e implica a los demás para que lleguen allí hasta donde pueda alcanzar su designio indagador.

Su posición no es la del positivismo e idealismo del maestro Ramón Menéndez Pidal. Aunque se aparte progresivamente del europeísmo de su compañero de generación José Ortega y Gasset, en su órbita hay que entender el vitalismo con que encara la obra literaria. También la fenomenología, por eso elementos de un estructuralismo incipiente.

Pero, como se explicará más adelante, el asunto crucial será su no declarada pero incidente sociología cultural y del texto. En esto también hay un hilo de conexión –solo un tenue hilo– con la sociocrítica. Américo Castro rechaza la sociología al uso, y con ella también el marxismo, pero trabaja con el supuesto de que las condiciones de vida y la adscripción de casta conforman una visión del mundo que se puede rastrear en la lectura de los textos.

Una aportación cumbre como es la de Marcel Bataillon −diez años más joven que Américo Castro− también nos puede servir de referencia. Bataillon no solo marca una cumbre del hispanismo francés, dentro de preocupaciones más amplias como el iberismo o los estudios comparativos, sino que sus estudios son revulsivo de los llevados a cabo en España. Pero al mismo tiempo es ilustrativa de los límites, si bien altos, ya no superables en el ámbito de los estudios de raigambre filológica. En su lección inaugural del Collège de France, en 1945, afirma:

El gran filólogo es el que posee en ese trabajo de elucidación de las obras un conocimiento perfecto de la lengua del texto, de las técnicas de escritura gracias a las cuales se nos transmite, de los usos estilísticos o de las reglas métricas a las cuales se somete, pero asimismo un conocimiento completo de la civilización a la que pertenece dicho texto, desde su religión y su filosofía hasta sus técnicas más humildes, pasando por su vida política y social.

Defensa e ilustración del sentido literal se tituló un ensayo suyo de 1967 donde resuena el eco de una polémica sonada. Efectivamente los años sesenta vieron aparecer los desencuentros capitaneados por Barthes con la “antigua crítica” a partir del postulado de este sobre la primacía del texto sobre la intencionalidad y la referencialidad, y de la “validez” crítica sobre la “verdad”. En otro lugar (Linares, 2024) he aludido al barthesiano Critique et verité a propósito de la posibilidad de entender la arriesgada apuesta de Américo Castro como adelanto de esas nuevas perspectivas teórico-interpretativas. “Las teorías críticas no se limitan a verificar los hechos, sino que se preguntan por los mismos” (Manuel González de Ávila, 2002). En cualquier caso Bataillon fue un estímulo para Castro en parte de su investigación sobre el pensamiento y la literatura del Siglo de Oro, como atestigua la rica correspondencia mantenida entre ambos (Castro-Bataillon, 2012). Como no podía ser de otro modo, también fue un estímulo para el joven Edmond Cros, en la etapa en que preparó y defendió su tesis doctoral, cuya publicación propició el mismo Bataillon.

Marcel Bataillon era una bella personalidad científica, un académico excepcional. Aprendí mucho de él y cuando terminé mi primer libro sobre Guzmán de Alfarache en 1965, se lo mandé para que me diera su opinión. Le gustó y me propuso que lo editara en la colección de Litterature étrangère et comparée que él dirigía en Didier (Cros-Linares, 2019, p. 446).

Edmond Cros se sitúa ya en este horizonte abierto por la Teoría de la Literatura. En su estudio sobre el hispanismo crosiano, Antonio Chicharro (2008, p. 23) recoge en nota lo que le confesó a propósito de su relación con los hispanistas del momento:

¿Mi relación con el hispanismo francés? En el hispanismo francés existían dos grupos, el uno de derecha y el otro dominado por los comunistas (los más conocidos, Salomon y Jammes) pero los dos grupos eran “conservadores” intelectualmente (a veces “ferozmente” anti-nueva crítica: ¡Robert Jammes, en Tolosa, había organizado un seminario únicamente destinado a refutar las propuestas de Roland Barthes!). Ninguno de los dos bandos aceptó el movimiento del 68, de manera que por los dos motivos (como era yo en Montpellier secretario del sindicato de Profesores, que tuvo una actuación importante en la rebeldía estudiantil, no me podían aceptar y me tachaban de ‘gauchiste’). No podían atacarme directamente en los encuentros científicos porque no tenían base teórica y no se atrevían, pero criticaron en torno suyo mis posturas ideológica y teórica y, de manera mas general me silenciaron (hicieron lo mismo con Maurice Molho, por los mismos motivos). Claro que con las nuevas generaciones las cosas han cambiado.

Hace notar Antonio Chicharro en el mismo estudio (2008, p. 13, 15-16; y 2020) que la teoría-metodología sociocrítica abstraída por Cros, no es algo previo al proceso de indagación sobre los textos, sino que nacieron con él en el ámbito de la lectura de obras hispánicas, y por tanto esa conexión con los textos conlleva su aplicabilidad. Nada más ilustrador que lo que el crítico francés dice al respecto:

¿Cómo y por qué me orienté hacia la teoría? En esta tesis [se refiere a su tesis doctoral que versó sobre el Guzmán de Alfarache] apliqué (sin quererlo y sin darme cuenta conscientemente) una aproximación estructuralista que me llevó a explicar la génesis del Guzmán de Alfarache como el producto del funcionamiento de una dialéctica de la Justicia y de la Misericordia, basándome sobre todo en el impacto de la retórica tradicional, que analicé precisamente como el espacio por antonomasia de la dialéctica de las dos nociones. Pero apenas terminada la conclusión descubrí dos cartas inéditas de Alemán donde él explicaba que había escrito su libro para apoyar las propuestas de Cristóbal Pérez de Herrera sobre la reforma de la beneficencia que consistían en encerrar la misericordia (la limosna) en los límites de la justicia (¿a quiénes se debe negar y a quiénes se puede dar limosnas?) Publiqué las dos cartas en el Apéndice de mi tesis sin explotar suficientemente la relación entre este hallazgo y mis estudios sobre la retórica. Lo hice más tarde en el libro publicado por Anaya. De manera totalmente empírica había sentado las bases de lo que llamé años mas tarde la morfogénesis o sea el origen socioideológico de las formas culturales.

Insistiremos más adelante sobre el aquilatamiento teórico y la repercusión que conllevó la explicación de textos de esta época histórica, teoría luego probada también con manifestaciones de otras latitudes, formas culturales y momentos. Pero igualmente hay que señalar que en Cros inciden teorías que reconoce explícitamente como válidas, las asume y revisa en aquellos casos que ve conveniente. Así, fundamentalmente el estructuralismo genético de Goldmann y su formulación sobre el sujeto colectivo y no consciente, pero también Barthes, Kristeva, Bajtin, Foucault, etcétera. Ineludiblemente dialoga también con otras aportaciones sociocríticas, dentro y fuera del hispanismo (Cros, 2003). Adopta, por tanto y una vez situado en el horizonte teórico, unas sólidas proposiciones con las que avanzar en sus indagaciones. Al respecto, es muy notable una concepción de la historia de base marxista, que requiere tener en cuenta la totalidad histórica para entender los procesos y productos que en ella se dan. Estas proposiciones se refieren a la naturaleza del texto, a las formas de su anclaje social y cultural, a la presencia del sujeto y en definitiva, a la historicidad de los mismos (Cros, 2003). Desde Propositions pour une sociocritique en 1982 no ceja en ir profundizando y afinando su proyecto hasta sus últimos días, con un hito en “Spécificités theoriques. État de la cuestión” (Cros 2006), en el primer número de la etapa granadina de Sociocriticism, una vez culminada su indagación sobre el sujeto cultural (Cros, 2002, 2005).

Entre sus logros teóricos, además contribuir a la superación de la dualidad excluyente entre forma y contenido (y por extensión, entre el interior y el exterior del texto) está el desplazamiento de las dos nociones esenciales derivadas de la pregunta por el qué sea la literatura y lo español (o lo hispano). En este sentido, si comparamos su planteamiento con el de Américo Castro, que en ambas cuestiones si bien reducidas al ámbito del vivir y de la cultura, muestra recaídas esencialistas, en el caso de Edmond Cros se considera el texto no la “obra” de manera desprejuiciada ligado a la escritura y la productividad cultural (Cros, 2003, 2009: cap. 3). El texto es por tanto un dispositivo de producción que convoca, entre otros numerosos efectos, la percepción ideológica del arte o del sujeto nacional. La problemática sociocrítica del texto se proyecta igualmente sobre manifestaciones audiovisuales o plásticas. Precisamente en relación con el texto Edmond Cros necesita plantearse la cuestión del sujeto (2003; 2009: cap. 6). Tal sujeto, que es tanto conscientemente responsable como no-consciente e inconsciente y que se forja por la ideología y el desempeño discursivo, Cros necesita abordarlo utilizando el concepto de cultura, que, por lo demás en otros teóricos como Lotman, se había venido dando de manera solidaria con el de texto. El sujeto del texto es a la vez ideológico y discursivo verbal (pero también no verbal), en definitiva cultural. Dice al respecto de la relación entre ideología y cultura, a la pregunta que se le efectuó sobre si el término cultura no sería una opción más contemporizadora que el de ideología:

Hay que distinguir la cultura de la ideología. El término de “cultura” procede del campo de la moral educativa a partir del siglo XIX: originalmente cultivarse es mejorarse, cultivar los talentos de uno. La persona culta es una persona esencialmente leída y por lo tanto remite a una clase social determinada. Hoy en día, es, a veces, sinónimo de “civilización” pero con un significado específico, de una categoría específica, exclusiva, que permite distinguir una colectividad humana de todas las demás, y por eso su sentido deriva a veces de manera errónea como ideología. El término de “ideología” procede efectivamente del marxismo y remite a un conjunto de representaciones cuya finalidad consiste en ocultar la realidad de la lucha de clases. En este sentido la ideología de una época determinada es la ideología de la clase dominante. Trato de desvelar sus efectos no sólo en aquello que se dice a nivel de la comunicación consciente sino, y sobre todo, a nivel de lo no-consciente, como nos lo ha enseñado el estructuralismo genético de Goldmann. Este enfoque es esencial cuando nos atenemos al funcionamiento de la genética textual. En este plano mi planteamiento sigue igual. (Cros-Linares, 2019, p. 450).

2 De la edad conflictiva

Bajo el epígrafe de “De la edad conflictiva” se encabeza este capítulo dedicado a los estudios críticos –literarios en casi su totalidad– sobre el Siglo de Oro español con los que Edmond Cros forja su teoría. Se ocupa de una literatura que podemos calificar de contestataria, aunque no en una sola dirección, sino paradigmática de los movimientos de acción y reacción que se dan en una coyuntura socio-histórica.

Es el periodo en que se constituye una unidad estatal sobre el conjunto de los reinos de la Península Ibérica, con un posterior desgajamiento de Portugal. Y también se culmina la expansión imperial de ultramar. Pero esto se produce con el aplastamiento de la incipiente burguesía, las etnias judías y moras, y toda forma de espiritualidad que no sea el catolicismo ortodoxo, articulándose la organización estatal sobre una refeudalización y en un contexto de cerrazón con respecto a Europa a partir del reinado de Felipe II. Los grandes logros artísticos se dan con un trasfondo de desavenencia y esto permite afirmar que se trata del arte de una edad conflictiva, si no fuera porque en puridad, toda sociedad conocida, al estar basada en la división del trabajo y el aprovechamiento de unos grupos humanos sobre otros, es conflictiva.

Américo Castro se refirió a ello ya en el consabido título de una recopilación de ensayos publicada en 1961. Un título cuyo sentido está latente en las otras obras de su etapa de madurez, iniciada en 1938 en plena Guerra de España. Su crítica literaria y las ideas articuladoras se fraguan fundamentalmente a partir del estudio de grandes logros literarios de la época clásica hispana, con una mirada especial para Cervantes y el Quijote. Pero la confirmación progresiva de su principal hipótesis teórica –esto es, la naturaleza singular de la literatura española debida a conflictos de castas– la lleva a cabo, como se ha señalado en el apartado anterior, con sucesivas revisiones de lo aportado sobre dichas obras. Estos son los principales hitos bibliográficos:

Aspectos del vivir hispánico. Espiritualismo, mesianismo, actitud personal en los siglos XIV al XVI, compendio de 1938 de tres artículos, el tercero sobre el “ilusionismo erasmista” un año antes Bataillon había publicado Erasmo en España, que tiene una segunda edición con modificaciones en 1970.

España en su historia. Cristianos, moros y judíos, de 1948 –pero ya escrito en 1946–, fue objeto de una gran revisión y apareció en 1954 con el título de La realidad histórica de España en 1954. Este segundo libro después fue modificado en 1963 y sobre todo en 1966, con nueva introducción además.

Hacia Cervantes, de 1957, fue considerablemente renovado en la tercera edición, de 1967. Pero antes en 1966 en Cervantes y los casticismos españoles incluye “Cervantes y el Quijote a nueva luz”, donde apuesta por una explicación que tenga en cuenta la ascendencia cristiana nueva de Cervantes.

De la edad conflictiva, de 1961, abunda sobre las castas y los estatutos de limpieza de sangre, con sus efectos sobre la problemática de la honra, tema este de la honra que ya abordó en su juventud.

La Celestina como contienda literaria, 1965, por último, es otro gran ejemplo de tema que le vino interesando desde tiempo atrás, pero al que a partir de 1948 comienza a dotar de un nuevo sentido al entender su conflictividad en relación con la realidad vital hispana (Lapesa 1971).

He resaltado, más que el designio teórico y metodológico –asunto al que se dedicó el apartado anterior–, los estudios más relevantes en que se plasma, a los que se podían sumar los dedicados a Bartolomé de las Casas, Santa Teresa, la consideración de la figura del indiano y otros. En ellos se percibe, no obstante, cómo su percepción del proceso histórico español le va haciendo reconsiderar los temas de interés a medida que esa hipótesis historiográfica se va consolidando.

La novela picaresca no es un tema especialmente investigado por Américo Castro, pero sí fue constante su interés por el tema, porque es una literatura muy representativa del cuestionamiento de los valores dominantes. Y conviene hacerse eco de esto dentro del marco del presente trabajo. Solamente le dedica un artículo específico titulado “Perspectiva de la novela picaresca”, de 1935, y las introducciones de dos ediciones llevadas a cabo por él sobre el Buscón en 1911 y 1927, y de una edición del Lazarillo de Everett Hesse y H. F. Williams de 1948; pero el tema está presente en las monografías más generales.

En una primera fase, la caracterización y valoración que da Castro de la picaresca su amargura y resentimiento amén del interés por lo material viene sobre todo de resultas de su comparación con la visión más armonizadora y optimista de Cervantes. Pero a partir de la fecha emblemática de 1948 en que publicó España en su historia, en las páginas dedicadas a los judíos comienza a relacionar la picaresca con la angustia de los judeoconversos4. La actitud y el estilo del Buscón lo explica como una extensión de esa formulación negativa de la picaresca a la obra de cristianos viejos, como es el caso de Quevedo. En cuanto a la relación con la obra de Cervantes, en 1957 en Hacia Cervantes pasa a incardinar el Lazarillo y Guzmán Alfarache en una atmósfera dentro de la cual, si bien variando el tono la respuesta, acaba pronunciándose el Quijote (Castro, Hacia Cervantes y Cervantes y los casticismos españoles 1974, págs. 17-143).

Sobre el sentido de esta enorme pesquisa, valgan las palabras que escribe en la “Introducción” a Cervantes y los casticismos españoles:

En una visión panorámica y serena de la vida historiable entre 1492 y 1630 no queda espacio para las usuales disputas entre laudadores y detractores del pasado de los españoles. Valdría más dirigir el esfuerzo hacia lo creado por quienes pugnaban por existir como unos en su mundo y por quienes preferían disolverse sin resto en el consenso de un pensar y creer unánimes. La casta mayoritaria tardó más de un siglo en reducir la resistencia de los “intercastizos”, expresada en obras que no existirían sin aquella tensión polémica. Mas, de otra parte, la voz de la casta triunfante adecuó y entonó su volumen a la necesidad de llenar con ella el ámbito de la unánime totalidad de aquel pueblo. La “poesía” de Lope de Vega, Tirso de Molina y de Calderón –tan bien acordada con los “respetos humanos”- fue pareja en dignidad a las “razones” de quienes, en formas múltiples de arte, intentaban mostrar, desde el fondo de sus almas, la razón de su existir frente a quienes nacían exentos de la obligación de razonarse su vida (Castro, 1974, p. 16).

No pasa desapercibido que esta explicación de los textos está marcada por la subjetividad del investigador, y nos ronda la circunstancia vital de un intelectual que luchó por rescatar el acervo de esa otra España y fue relegado al exilio por la represión y oficialidad establecida por el régimen de Franco.

Las investigaciones de Edmond Cros sobre la época en cuestión, con un antecedente en la carnavalización del medievo, se mencionan a continuación siguiendo el orden cronológico de las obras por él estudiadas. Para que no se pierda de vista la perspectiva teórica ofrecemos indicaciones sobre las monografías en que enmarca tales estudios:

  • Libro de Buen Amor. “Debatte théologique et incidence carnavalesque dans le Libro de Buen Amor”, en colaboración con Monique de Lope. Incluido en De l’engendrement des formes, libro aparecido en 1990 que recoge trabajos publicados en los cinco años anteriores ordenados aquí según las épocas de las obras estudiadas. Este libro fue traducido al español como Ideosemas y morfogénesis del texto, 1992.

  • Carta de Cristóbal Colón a Luis Santángel. “El sujeto cultural colonial. La no-representación del otro”, en Le sujet culturel. Es un libro que retoma trabajos publicados o incluye otros nuevos relacionados con el sujeto cultural. Tiene ediciones en español con el título de El sujeto cultural (véanse las referencias bibliográficas).

  • Gramática castellana, de Elio Antonio de Nebrija. “Les implicites politiques du panégyrique dans le prologue de Gramática castellana d’Antonio Nebrija”, en De l’engendrement des formes.

  • Básicamente el artículo anterior se enfoca hacia figura del cristiano viejo en “Sur les refigurations historiques du sujet culturel: l’émergence du sujet culturel vieux chrétien en Espagne”, en Le sujet culturel.

  • Lazarillo de Tormes. Los dos trabajos que le dedica se incluyen en Lecture ideologique du Lazarillo de Tormes, de 1984, libro publicado en coautoría con Antonio Gómez Moriana. Uno de ellos, “Lecture ideologique du lien epistolaire” con el título “Practiques inquisitoriales et lien epistolaire dans le Lazarillo de Tormes”, reaparece en De l’engendrement des formes; y el otro, “Le folklore dans le Lazarillo de Tormes”, aparece también en lo relativo a lo antoropológico-cultural en Literatura, ideología y sociedad, de 1986, traducción en buena parte de Théorie et practique sociocritiques.

  • Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán. A esta obra dedica la tesis doctoral publicada con el título Protée et le Gueux, en 1967, e inmediatas nuevas reflexiones en Mateo Alemán. Introducción a su vida y obra, de 1971, pero a la altura de 2014 todavía vuelve sobre el tema (véase más adelante en el presente trabajo pág. 13). El análisis del pasaje sobre el “fiel amigo y verdadero” lo presenta en Literatura, ideología y sociedad (trad. de Théorie et practique sociocritiques, 1983), como aportación al estudio de la formación discursiva en el Siglo de Oro. También en La sociocritique (2003). Pero en “Le Sujet de l’inconscient s’articule sur l’Histoire au coeur du sujet culturel. Le cas Guzmán de Alfarache”, incluido en Le sujet culturel, lo plantea como vivencia del sujeto cultural:

Il s’agisait dans La sociocritique de mettre a jour le discours d’un sujet transindividuel espécifique vecteur des contradictions des formations idéologique et discurssive de son temps. J’insistirai aujourd’hui sur la façon dont les modes d’interiorisation de ces contradictions interpelent litteralement le sujet de l’inconscient, en réactivent certaines fractures et aboutissent á une expression hybride où les deux faces du sujet culturel s’abiment l’un dans l’autre (Cros, 2005, p. 48)

  • Novela “El Abencerraje y la hermosa Jarifa” del Guzmán de Alfarache. “Le sujet culturel ou l’idéal de Moi come instance régulatrice: la nouvelle de l’Abencerrage” en Le sujet culturel.

  • Retrato de Mateo Alemán en Guzmán de Alfarache. También en Le sujet culturel, “La mise en scène du sujet culturel: étude semiotique d’un portrait d’auteur”.

  • Surgimiento de la novela moderna con Alemán y Cervantes. Aborda el tema en el capítulo 8 de Le sociocritique, dedicado a la modelización y sus constricciones. También le dedica al asunto dos artículos: “L’avénement du roman européen en Espagne avec Mateo Alemán et Cervantes” sociocritique.fr 2006 y “L’avénement du roman moderne en Espagne” sociocritique.fr 2006; igualmente la lección De Mateo Alemán a Miguel de Cervantes. Los orígenes de la novela europea en España, Granada, Academia de Buenas Letras de Granada, 2013.

  • Quijote, de Cervantes. Específicamente sobre esta obra, “Sur le caractère operatoire de la notion de formation discursive. Le cas de Don Quichotte”, Imprévue (actas sobre Opérativité des methodes sociocritiques), 1984-2. También “Sur l’evolution et la fontion de la pratique carnavalesque dans l’Espagne du Siècle d’Or”, incluido en De l’engendrement des formes, 1990, que amplifica el previo “Reformuler la lectura que Bakhtin fait du Quichotte”, de 1988.

  • Buscón, de Francisco de Quevedo. A esta obra le dedica un inicial trabajo, L’aristocrate et le carnaval des gueux, de 1975, sensiblemente mejorado –en ello insistió Cros en carta de 1993 al autor del presente artículo- en Ideología y genética textual. El caso del Buscón, de 1980. Fue soporte de una de sus primeras propuestas teóricas: Propositions pour une sociocritique, de 1982. Es también una pieza importante de la argumentación de Literatura, ideología y sociedad, de 1986, sobre el papel de la ideología en la génesis textual, lo mismo que los apartados “Sobre el funcionamiento de las inscripciones ideológicas en La hora de todos, de Quevedo” y “Lectura sacrificial de la Muerte de Cristo y rivalidad mimética en el Buscón”. Finalmente la investigación al respecto se recoge de forma casi conclusiva en El Buscón como sociodrama, publicado por la Universidad de Granada en 2006.

  • El conjunto de la novela picaresca. “La novela picaresca como género desde la perspectiva sociocrítica”, Edad de Oro, XX, 2001.

Quizás falten algunas menciones, pero las que hay pueden dar una idea del tenor y de la relevancia de estos trabajos para el conocimiento de la época, que Cros afirma no querer estudiar en su globalidad sino como trasfondo explicativo de las textos. Es crucial el tratamiento que da a la novela picaresca, asunto al que por necesitar una atención algo más dilatada, reenvío a una monografía ya publicada (Linares, 2007).

3 Elementos para una historiografía ¿literaria?

El título del libro de Juan Carlos Rodríguez, Teoría e historia de la producción ideológica. Las primeras literaturas burguesas, nos puede ofrecer una pista sobre lo que supone en los estudiosos que venimos considerando, y en sus lectores, la extensión del proceder investigativo y discursivo crítico en una dirección más abarcadora en número de detalles y en lienzos de historia más amplios. En dicha monografía se explican unos pocos autores y textos del siglo XVI pero se ensaya toda una forma de hacer historia que desencializa la práctica literaria y es susceptible de ser desarrollada dentro de sus mismos presupuestos. En nuestros dos estudiosos, en distinta medida y con más afinidad materialista en el caso de Cros, también se apuntan unas posibilidades historiadoras.

Américo Castro sostiene haber captado el ser español de la literatura en su conformación histórica a partir de condiciones vitales donde el arte literario es un componente más de la vida material y espiritual sin las cuales no se puede entender. Lo español, y con él cabe suponer que también la literatura española con su proyección hispanoamericana, se forman y tienen una pervivencia histórica, razón por la cual dentro de su proyecto explicativo puede incluir también la Ilustración (Castro 1974), el romanticismo y manifestaciones posteriores que en puridad por su historicidad no tienen por qué perpetuar su razón de ser. Este planteamiento de máximos puede verse irrealizado en la obra de Castro, incluso puede ser legítimamente criticado, pero está ahí para nuestra consideración. La crítica que suscita es la de la cerrazón identitaria que traiciona la radicalidad del planteamiento y sirve solo para los situados y partícipes dentro de la vivencia de lo español por más que supusiera un golpe de aire fresco y estableciera un principio de orden para el hispanismo internacional (Beysterveldt, 1971).

El abordaje de Edmond Cros de la historia literaria y cultural es más amplio y abarcador en razón del objeto de estudio que consideramos en el apartado primero, pero mucho más escueto por esa mencionada resistencia a abordar globalmente periodos. Pasamos aquí, atendiendo también a otras interesantes calas efectuadas por el de Montpellier, a apuntar posibles implicaciones para la historiografía. Se hacen perceptibles en unas propuestas didácticas sobre textos hispánicos, en la considerable trabazón historiográfica de sus estudios sobre obras relevantes, y por último, en lo que se infiere de sus explicaciones sobre las formas cambiantes de la representación a lo largo del desarrollo del capitalismo. Veamos:

1. En 1971 Cros publicó para uso de estudiantes una antología titulada Literaturas hispánica e hispanoamericana. Recoge un total de 262 textos, que con excepción de los poemas y algún texto en prosa breve, son necesariamente fragmentos seleccionados por el propio antólogo. En esos momentos contaba ya con una considerable experiencia académica y además fue receptivo con las formas renovadoras de la didáctica que se dieron desde finales de los años sesenta: más autonomía del estudiante y del grupo en relación con el profesorado, así como mayor margen del profesorado con respecto a las posibilidades de lectura de los textos. Pero lo interesante es que aunque los textos no están introducidos ni comentados5, se trasluce en las brevísimas indicaciones iniciales y en la selección y disposición de los textos una visión ya muy crosiana de cómo afrontar la historia de la literatura en lengua española.

Evidentemente, al estar dirigido el libro a estudiantes de toda Francia y someterse a un canon en buena parte ya establecido, las opciones del antólogo son limitadas, pero esto a su vez hace más significativas esas opciones. El orden que se sigue es cronológico, separando Edad Media, Siglo XVI y siglo XVII en el primer tomo, y dedicando el segundo a la serie “du XVIIIe au XXe siècle”. Pero este orden cronológico es flexible, de modo que el antólogo se toma libertad para suscitar las relaciones –que los lectores a su vez podrían alterar– entre ámbitos literarios, géneros y autores, mediante una yuxtaposición de textos que viene a facilitar la comprensión de dinámicas temáticas, estilística o ideológicas.

Siguiendo el mismo principio, no separa las literaturas española e hispanoamericana, y además incluye textos relevantes de la América prehispánica con lo cual motiva la lectura intercultural de los textos hispanoamericanos y españoles –de hecho muchos de esos textos prehispánicos son conocidos mediante su transcripción por parte de los colonizadores–.

Nous avons rapproché le Poema de Mío Cid des Codex mayas et du Popol-Vuh comme témoignages fondamentaux de civilisations qui s´ignorent avant de se trouver dramatiquement confrontées (Cros, 1971, p. 6)

Por el número y el carácter de los textos seleccionados de determinados autores, por ejemplo cinco textos de Mateo Alemán y Guzmán de Alfarache entreverados con siete del Quijote a los que siguen dos del Buscón, se puede entrever el acento que pone en estas obras dentro de la historia de la literatura española. Y asuntos como por ejemplo la carnavalización:

Quelques grands critères nous ont cependant guidé, entre autres le désir de ne laisser de coté aucun des traits généraux qui caractérisent une époque, désir que nous a fait retenir de l´oeuvre de Juan del Encina, une églogue particulièrement représentative de la littérature carnavalesque (Cros, 1971, p. 6)

También, por supuesto, están los textos de otras épocas y del siglo XX que él supo explicar muy bien, y no es difícil para los que lo conocimos imaginar cómo el profesor de Motpellier se haría cargo en clase de la extensa panorámica histórica que concita la antología.

2. Aunque el estudio de la lengua y la literatura no se desligan de la cultura, siendo además central en ella el sistema lingüístico, es corriente que en el hispanismo o latinoamericanismo practicados dentro de un contexto de lengua y cultura española, se produzca una desatención a las manifestaciones culturales no literarias por así llamarlas, relegándolas como información subsidiaria. Américo Castro tiende a superar esta limitación, y Edmond Cros apuesta decididamente por situarse en el espacio de la cultura. Esto no se debe a que este sea hispanista extranjero y su ocupación sean los estudios hispánicos en toda su latitud, sino porque la delimitación de su objeto de estudio sociocrítico lo ocupa del estudio de los productos de la cultura si bien en coyunturas sociohistóricas determinadas. Su objeto no es lo español o latinoamericano −propósito que linda con la búsqueda de esencias−, y si se centra en grandes obras de la literatura es porque estas le permiten dilucidar con más riqueza de resultados la producción textual por la cual se interesa. Además, su dispositivo teórico semiótico le permite considerar tanto obras literarias como otro tipo de textos verbales, cultos o del folklore, artísticos audiovisuales o exclusivamente plásticos. Por otro lado su metodología no rehúsa ponerse a prueba con productos de diferentes culturas, no solo porque puedan servir para explicar circunstancialmente los de la cultura hispana sino porque con esos otros complejos semiótico-históricos se aquilata la “teoría e historia” global. Conviene dejar claro esto porque Cros no busca abundar en el conocimiento de una historia más o menos prefijada, sino ahondar en la radical historicidad de la cultura. Su sociocrítica, que es tanto del texto como del sujeto, se interesa por el “proceso dinámico que lleva la evolución del Todo-histórico incorporado tanto en las estructuras del texto como las del sujeto” (Cros, 2006).

Pasando por alto que sus estudios aplicados presentan matices diferentes a medida que se producen cambios en la teoría –retoma algunos estudios en relación con avances en su teoría–, se puede reconocer no obstante esa lógica histórica fundamental en los asuntos que ha tomado en consideración a lo largo de su trayectoria investigadora. Sirvan los estudios mencionados en el apartado anterior, y siguiendo el mismo criterio anterior, proseguimos:

  • Periquillo Sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi. “Structure testamentaire et discours reformiste dans El periquillo Sarmiento”, en De l’engendrement des formes, de 1990, sobre el anterior “De la estructure testamentaire aux valeurs fondamentales du liberalisme dans Periquillo Sarmiento’, de 1985.

  • Cumandá, de Juan León Mera. “Des rites agrolunaires au discours politique dans Cumandá”, en De l’engendrement des formes, 1990, cuyas dos partes se habían publicado anteriormente: “Espace et génétique textuelle. Conscience magique et idéologie dans Cumandá”, en 1985, y “Espace-Formation sociale et idéologie”, en 1988.

  • Carlos Fuentes. Sobre La región más transparente, “Consciente, inconsciente y no-consciente en La región más transparente de Carlos Fuentes”, en un capítulo sobre formaciones ideológicas y formaciones discursivas en la literatura mexicana contemporánea, de Literatura, ideología y sociedad, 1986. En el mismo lugar, “Problemas de semántica textual en La muerte de Artemio Cruz”. Se puede leer en sociocritique.fr también “La mise en scène de la differance dans Terra Nostra de Carlos Fuentes”.

  • Laberinto de la soledad, de Octavio Paz. En el mismo capítulo del libro anterior, “Continuo y discontinuo en Octavio Paz” y “Sobre las realizaciones textuales de los enunciados latentes de una comunidad ideológica en el Laberinto de la soledad”.

  • El llano en llamas, de Juan Rulfo. “Análisis sociocrítico de El llano en llamas de Juan Rulfo”, en El sujeto cultural.

  • El cartero de Neruda, de Esteban Antonio Skármeta, y versión cinematográfica: “Un sujet culturel dépouillé de son histoire du roman de Skármeta au film de Michael Radford”, en Le sujet culturel, 1995.

  • Luis Buñuel. Sobre Los olvidados, “A propos d’un champ morphogénétique dans Los olvidados de Luis Buñuel, en De l’engendrement des formes, de 1990; y “De Piero de la Francesca a Los olvidados de Luis Buñuel” en El sujeto cultural. Sobre Viridiana para la explicación sobre el texto cultural, así como en el capítulo titulado “Dans la marge de l’écriture, le reve: à propos de Viridiana de Luis Buñuel” en Le sujet culturel.

  • “Edipo y el sujeto cultural en La historia oficial de Luis Puenzo”, en El sujeto cultural.

  • Femmes au bord de la crise de nerfs de Pedro Almodóvar”, en Le sujet culturel.

También manifestaciones plásticas de la cultura hispana, y así el 25 de abril de 2001 presentó en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada, en la línea de sus teorizaciones sobre el sujeto cultural, un estudio sobre el óleo de Juan Sánchez Cotán Descanso en la huida a Egipto, publicado en El sujeto cultural, 2003 (Cros, 2003, p. 227-234).

Otros trabajos que no se refieren al ámbito hispano podrían haber sido mencionados, pero queda claro que lo que interesa a Edmond Cros es afinar las herramientas, entre las cuales están las que posibilitan el entendimiento interconectado de los textos que responden a diversas medelizaciones de la cultura.

3. Yéndonos a un plano más abstracto, metahistoriográfico, se ha de tener en cuenta que nuestro teórico ha perfilado hipótesis que sirven para desvelar al menos algunos aspectos de la lógica del desenvolvimiento histórico de la producción cultural. En 2018 presenta en el XVII Congreso del Instituto Internacional de Sociocrítica una propuesta historizadora de las pautas que rigen el conjunto de los discursos de un estado de la cultura, y por tanto permite diferenciar las grandes formaciones discursivas o lo que es lo mismo, grandes etapas de la cultura −cabe suponer que visto desde una óptica occidental−. Con ella culmina lo ya avanzado en trabajos anteriores, sobre todo el dedicado a lo que supuso la aportación de Freud, la neurociencia y Saussure hacia las últimas décadas del siglo XIX (Cros 2011, p. 19-36 y “Approche sociocritique d’un champ culturel (1860-1913). De l’impression à la sensation” de 2012), también en “Del capitalismo financiero a las nuevas estructuras simbólicas” sobre la situación a partir de las últimas décadas del siglo XX, y más aplicativamente, también alrededor de 2014 en “Du contexte sociohistorique aux structures textuelles. Quelques précisions sur le processus de transcodage qui est à l’œuvre dans la morphogenèse”. Aquí se retrotrae a las condiciones históricas de la génesis del Guzmán de Alfarache e insiste en su explicación de que la conformación y los efectos de sentido de esta novela picaresca tienen que ver con la dialéctica suscitada con la aparición del mercantilismo y el valor de cambio. Así, usando también como apoyo lo que Michel Foucault desvela en Las palabras y las cosas, completa este discernimiento sobre explicación histórica de los textos.

Lo formula como formas históricas de representación, más concretamente matrices históricas de representación (Cros, 2021). El supuesto es que “cualquier representación en el mismo momento en que se da, actualiza una estructura discursiva virtual que estaba en espera de esta actualización” (2021, p. 18). Dichas estructuras discursivas virtuales se atienen a dispositivos matriciales que marcarían el conjunto del campo discursivo de toda una época de la historia de la cultura. Estas supondrían una serie “rupturas históricas desde el siglo XVI hasta hoy día”. Teniendo en cuenta que sus efectos se pueden ver ya en el lenguaje mismo como “sistema primero de representaciones de la realidad” (2021, p. 19), y que la situación a partir del siglo XVI también descrita por Foucault hace suponer otra anterior, me permito mencionar simplificadamente con el riesgo de infidelidad que conlleva (2021, p. 19), cuatro determinantes en la forma de representación:

a.- El signo dentro de una concepción sagrada del lenguaje; b.- el impacto de la otredad del significado convenido, relacionable con el mercantilismo; c.- la reducción del significado al mismo ámbito del signo, con lo cual se cuestiona su dependencia con el referente, relacionable con el capitalismo industrial; d.- la disyunción de signo con respecto a la realidad y la dialéctica de lo real y lo virtual, relacionable con el capitalismo financiero.

Para la proximidad y diferencia de la fase tercera y cuarta, sirva esta cita del mismo Cros:

Con el arte abstracto y el nuevo lenguaje que lo acompaña, el significado se ha separado de su soporte figurativo, es decir, de su relación con una realidad concreta y tangible. El significado no existe en sí, su existencia y su estatuto dependen de la pertinencia y la aceptabilidad del dispositivo sacado a luz por el análisis. El significado emana de una operación intelectual que consiste en poner en relación dos signos en el marco de un proceso epistemológico que da protagonismo a la subjetividad, pues los resultados de esta relación no son verificables, al menos empíricamente. El estatuto del significado procede aquí de lo no tangible, que no se puede confundir con lo virtual. Así se explica que nos encontramos con un lenguaje y una episteme de transición, porque se trata de algo virtual que no ha sido todavía asumido como tal, contrariamente a lo que va a pasar con la ruptura que suscita el capitalismo financiero, portador de una nueva economía psíquica (Cros, 2021, p. 17).

Por su carácter más reciente, las repercusiones que estos planteamientos tengan sobre la investigación de obras de distintas épocas, al menos de la cultura occidental, no inciden siempre en la propia explicación de los textos que ha venido dando Edmond Cros desde sus inicios investigadores. Sin embargo una vez formulados son un acicate más para los nuevos análisis sociocríticos.

Conclusiones

Las consideraciones llevadas a cabo sobre Edmond Cros con la mirada retrovisora puesta en Américo Castro no han partido de una relación personal ni intelectual constatable entre los dos, sino del convencimiento de que la reflexión sobre lo que ambos han aportado al hispanismo se enriquece con esta conexión deliberada que ha sido propuesta. Evidentemente, aunque de épocas sucesivas, ambos son hispanistas sólidamente formados y ambos se han interesado fundamentalmente por el Siglo de Oro Español aunque su proyección teórico-metodológica no queda circunscrita a este periodo. No se han tomado en cuenta apenas otros intereses de ambos, como son los estudios de la lengua en el caso del español ni de otras cuestiones sobre sociedad y cultura internacional −posmodernidad y mundialización, emigración, etc.− que ha abordado Edmond Cros. Se ha podido ver que una diferencia, y ventaja, que de partida tiene este es que mientras Castro achica la potencialidad de su cosmopolitismo en su preocupación por la entidad española, en nuestro investigador francés no hay tal limitación, por evidentes condicionantes de actitud, época y nacionalidad.

A lo largo de tres capítulos dedicados, dicho sea simplificadamente, a la teoría, explicación de textos e historiografía de los dos, el presente trabajo ha dado a Edmond Cros −o cuando menos se propone para la discusión− un cierto relieve más allá del que posee por la cercanía temporal y académica con quien firma este trabajo. Con una base filológica semejante, Cros presenta frente a la hermenéutica de Castro basada en una experiencia de vida de débil sustento gnoseológico, una contrapartida fundamentada en la sociología dialéctica, la lingüística, la semiótica y el psicoanálisis −paradigmas diversos que desde la nueva crítica se considera productivo confrontar−. La complejidad metodológica del análisis lo hace difícil, y las apuestas interpretativas son inevitables, pero esta producción crítica es acorde con el carácter contradictorio y productivo que se reconoce en los textos estudiados.

La diferencia señalada no es óbice para que se hayan observado también concordancias, y si esto es así en dos críticos diferentes, quiere decir que la luz que arrojan sobre el estudio de la literatura y de las obras del Siglo de Oro es asomo de verdad. Aunque Américo Castro rechazó la sociología empírica, el marxismo, el estructuralismo y otras herramientas teórico-metodológicas, en su discurso hay elementos de las mismas cuando habla de castas y del sistema en el que se inscriben las vivencias; y a la postre construye una gran teoría con nociones que proyecta sobre los textos. Y hay al menos tres asuntos en que vienen a coincidir. Dos de ellos compartidos con otros investigadores: el conflicto de prácticas e intereses sociales (básicamente los del capitalismo inicial y la regresión feudal que suscita), que se dan como discordancias en las ideologías y en los discursos (Castro dirá actitudes espirituales) plasmadas también, y reconocibles, en las formas literarias; en este ámbito más particular, el segundo asunto es la interrelación de la aportación de los autores de la picaresca y la de Cervantes, ambas en la dirección de la novela, y a su vez en relación con otros productos literarios también relevantes de la misma coyuntura.

Otra coincidencia que se infiere de lo abordado en este trabajo, pero cuyos límites no han permitido profundizar, es del siguiente tenor: en uno de los estudios de Cros que se han mencionado como clarificadores de la sociocrítica se dice que esta tiene como objeto el texto y el sujeto en la historia. El sujeto que se manifiesta en el texto e interpela está señalando las pérdidas y vacíos que los inscriben en la temporalidad histórica. Este es el sujeto cultural, y Américo Castro no habría acabado haciendo otra cosa que preguntarse por el sujeto cultural, que en su caso debía llevar, como si de una inmersión en el inconsciente se tratara, a la autocomprensión y comprensión social. Edmond Cros tiene todavía algo más que decir sobre el discurso crítico del autor de España en su historia.

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Notes

1 Este libro, dedicado a la problemática del honor y de la limpieza de sangre, es fundamental para la formulación de la tesis historiográfica de Américo Castro, “aun cuando estuviese seguro acerca de cuál fuese el problema central del pasado español, faltaba poner bien de manifiesto los modos de esclarecerlo sin sombra de duda. Aquel objetivo fue alcanzado en De la edad conflictiva (Madrid, 1961) y La realidad histórica de España (México, 1962)”, Castro en Sobre el nombre y el quién de los españoles (2000:107). Retour au texte

2 Para la ubicación de Edmond Cros dentro del hispanismo, es fundamental el trabajo “Estudios sociocríticos crosianos e hispanismo” (Chicharro 2008). Retour au texte

3 Según una división de los estudios literarios asiduamente manejada, de ellos se ocuparía la teoría, la explicación de textos y la historiografía, a lo que se podría sumar también el comparatismo. Retour au texte

4 También en “Cómo y por qué fue dualmente conflictiva la literatura del siglo XVI”, PSA, XLII, 1966. Retour au texte

5 Únicamente en algunos casos el antólogo pone un título particular al texto seleccionado además del título de la obra de la que forma parte. Retour au texte

Citer cet article

Référence électronique

Francisco Linares Alés, « De España en su historia a la sociocrítica de Edmond Cros  », Sociocriticism [En ligne], XXXIX-1 | 2025, mis en ligne le 27 juillet 2025, consulté le 22 janvier 2026. URL : http://interfas.univ-tlse2.fr/sociocriticism/4052

Auteur

Francisco Linares Alés

Universidad de Granada

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