Migraciones centroamericanas y violencias en la narrativa mexicana del siglo XXI: Las tierras arrasadas (2015), de Emiliano Monge

  • Central American migrations and violence in the Mexican narrative of the 21st century: Las tierras arrasadas (2015), by Emiliano Monge
  • Migrations centraméricaines et violences dans la littérature mexicaine du XXIe siècle: Las tierras arrasadas d'Emiliano Monge (2015)

Este trabajo se centra en el estudio de las representaciones de la violencia subjetiva ejercida sobre las vidas de los migrantes centroamericanos con rumbo al norte, con el fin de vislumbrar los nexos entre estas formas de violencia y la violencia sistémica o estructural. El análisis se centra en la novela Las tierras arrasadas (2015), del escritor mexicano Emiliano Monge, que visibiliza la problemática social de las personas en movilidad humana, en concreto de los centroamericanos cuyos países de origen son los del llamado triángulo norte del istmo (Guatemala, El Salvador y Honduras) y cuyo destino final en la mayoría de los casos es Estados Unidos, pero que obligatoriamente transitan por México.

This paper focuses on the study of the representations of subjective violence exerted on the lives of Central American migrants heading north, in order to glimpse the links between these forms of violence and systemic or structural violence. The analysis focuses on the novel Las tierras arrasadas (2015), by Mexican writer Emiliano Monge, which makes visible the social problems of people in human mobility, specifically Central Americans whose countries of origin are those of the so-called northern triangle of the isthmus (Guatemala, El Salvador and Honduras) and whose final destination in most cases is the United States, but who necessarily transit through Mexico.

Cet article se centre sur l'étude des représentations de la violence subjective exercée sur la vie des migrants centraméricains en direction du nord, afin d'entrevoir les liens entre ces formes de violence et la violence systémique ou structurelle. L'analyse se concentre sur le roman Las tierras arrasadas (2015), de l'écrivain mexicain Emiliano Monge, qui rend visibles les problèmes sociaux des personnes en mobilité humaine, spécifiquement les Centraméricains dont les pays d'origine sont ceux de ce qu'on appelle le triangle nord de l'isthme (Guatemala, El Salvador et Honduras) et dont la destination finale est dans la plupart des cas les États-Unis, mais qui sont obligés de transiter par le Mexique.

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INTRODUCCIÓN: AMPLIAR EL CANON Y LA PERSPECTIVA1

Este trabajo se centra en el estudio de las representaciones de la violencia subjetiva2 ejercida sobre las vidas de los migrantes centroamericanos con rumbo al norte, con el fin de vislumbrar los nexos entre estas formas de violencia y la violencia sistémica o estructural.

El eje temático propuesto en este artículo para abordar el corpus propuesto alude a problemáticas sociales que han afectado y afectan a las sociedades referenciadas en estos relatos. Las representaciones que se hacen de tales problemáticas en los textos literarios concretan e individualizan las formas en que los sujetos viven los procesos migratorios.

Si bien la literatura ficcional y la crítica literaria que de ella se hace, no poseen la capacidad de resolver las problemáticas sociales que representan y estudian, respectivamente, se trata de dos prácticas discursivas que contribuyen a visibilizar y a reflexionar sobre ciertos temas que muchas veces la sociedad “tabuiza”, invisibiliza o deja de lado.

Las tierras arrasadas (2015), del escritor mexicano Emiliano Monge, aborda la problemática social tan relevante, pero a veces tan invisible, de las personas en movilidad humana, en concreto de los centroamericanos cuyos Estados de origen son los del llamado triángulo norte del istmo (Guatemala, El Salvador y Honduras) y cuyo destino final en la mayoría de los casos es Estados Unidos, pero que obligatoriamente deben pasar por México.

En esta novela se visibiliza la vulnerabilidad de los migrantes centroamericanos irregulares, su elevada exposición a violaciones de sus derechos humanos, es decir, la gran cantidad de peligros que estos individuos enfrentan en su tránsito por México, y desde el momento mismo en que emprenden su viaje, pero sobre todo al llegar a la frontera entre Guatemala y México, pues, tal y como lo plantea Emiliano Monge, en una entrevista para Centroamérica Cuenta (2018):

la política exterior mexicana, que es inexistente, que se decide en Washington hace por lo menos tres sexenios, ya antes de que llegara Trump había mudado la frontera a Chiapas. México se convirtió en la gran frontera para los latinoamericanos. Ahora con el discurso de Trump se vuelve a dar relevancia al muro, pero el verdadero muro en realidad es México entero. (Monge, 2018, p. 3)

La novela da cuenta de la cruda realidad que están viviendo actualmente miles de centroamericanos que se ven obligados a salir de sus propios países debido a las pésimas condiciones socio-económicas en que viven, al impacto de factores medio-ambientales (El Niño, sequías, huracanes, inundaciones, erupciones volcánicas y otros), pero también a la violencia callejera generada por los grupos criminales organizados (como las maras); todos estos, factores que atentan contra la sobrevivencia de los individuos. Por lo tanto, se trata de procesos migratorios forzados y no informados, fruto de los cuales las personas se ven expuestas a situaciones de riesgo que no son capaces de prever y que muchas veces no solo les impiden llegar a su destino final, sino que conducen a la muerte3.

En este sentido, Carrasco señala: “El fenómeno de la movilidad humana ha dado lugar a fenómenos delictivos realizados por la delincuencia organizada transnacional, al tráfico de personas se le ha agregado una nueva modalidad que es el secuestro masivo de los migrantes irregulares” (2013, p. 192), tal y como se representa en la novela de Monge.

Así pues, estas narrativas procuran generar en el lector, en primera instancia, la sensibilización y/o concienciación acerca de las problemáticas sociales tan complejas que se generan en torno a los procesos migratorios, específicamente aquellos que se dan desde los países que componen el triángulo norte de Centroamérica hacia México y Estados Unidos; en segundo lugar, procuran generar procesos de empatía e incluso identificación con los personajes que recorren los textos y, por lo tanto, con los miles de individuos que deciden salir de sus países en busca de una vida mejor para ellos y para sus familias.

Subjetivizar al otro, conocer su historia, hacerlo sujeto, implica un acercamiento, implica la dificultad de verlo como enemigo. En la novela que aquí se analiza sucede esto, es decir, las voces narrativas nos cuentan las historias de estos sujetos ficcionales, con lo cual presentan al migrante irregular como un sujeto con una historia propia, cargada de deseos, anhelos y miedos, es decir, como un sujeto muy similar a ese que lee novelas, lejos de ser un enemigo al que habría que odiar, rechazar o destruir, pero también nos brinda el punto de vista de los traficantes de personas. Esto a pesar de que el migrante irregular es un sujeto casi sin voz, o cuya voz se diluye en este contexto de tanta violencia que los deshumaniza; no obstante, la novela insiste en el hecho de que son personas con historias de vida particulares y propias. En este sentido, Žižek señala:

este presunto sujeto no es otro ser humano con una rica vida interior llena de historias personales que se narran a sí mismas para adquirir una experiencia de la vida llena de sentido, puesto que tal persona no puede ser en última instancia un enemigo. ‘Un enemigo es alguien cuya historia no has escuchado.’ (Epígrafe de «Living Room Dialogues on the middle Regulative Aversion: Tolerance East», citado de Wendy Brown, in the Age of Identity and Empire, Princeton, Princeton University Press, 2006, 1.) (Žižek, 2009, p. 62)

En el siguiente apartado se analizan los diversos tipos de violencia subjetiva (que incluyen violencias simbólicas, psicológicas y físicas) representados en la novela y se ponen en relación con la existencia de una violencia objetiva o estructural en la que los Estados desempeñan un rol fundamental.

VIOLENCIAS SUBJETIVAS, INFIERNOS Y MUERTES: EL TRÁNSITO POR MÉXICO EN LAS TIERRAS ARRASADAS (2015), DE EMILIANO MONGE

“El verdadero muro en realidad es México entero” (E. Monge, 2018, p. 3)

Esta novela de Monge es un relato sumamente referencial, pues al autor le interesa mostrar con detalle algunos fragmentos de aquello que les acontece, en territorio mexicano, tanto a los migrantes centroamericanos que transitan por ese país con rumbo a Estados Unidos, como a los mexicanos que se encargan del negocio ilegal del tráfico de personas. Así, la novela se centra en el secuestro de 74 migrantes por parte de una banda criminal comandada por los protagonistas del relato, Epitafio y Estela, así como en la historia de amor imposible entre estos dos individuos, quienes son mostrados como seres ambivalentes, victimarios y víctimas al mismo tiempo, capaces de amar y al mismo tiempo de torturar y matar.

El título de la novela alude a los países de origen de los migrantes centroamericanos irregulares, quienes se ven obligados a abandonar sus territorios porque son tierras que han sido arrasadas, en las que solo persisten la pobreza, la violencia y la inseguridad; en este sentido, Monge (2018) considera que, por las cifras anuales de migrantes centroamericanos con rumbo al norte, sería más pertinente hablar de diáspora que de migración.

Toda la acción de la novela se desarrolla en el sur de México, aunque el sitio exacto no se especifica, pero ninguno de los migrantes logra llegar a la frontera entre ese país y Estados Unidos; a Monge le interesa evidenciar la escasa o nula importancia que los gobiernos involucrados le dan al problema migratorio, lo que conduce a la invisibilización de las víctimas y a la banalización de la violencia que se produce en estos contextos.

La voz y la historia de los secuestradores, cabecillas de una banda criminal, es incorporada en la novela por medio de un narrador omnisciente, que mantiene el hilo de la trama, mientras que las voces de los migrantes se introducen por medio de la incorporación de fragmentos de diversos testimonios de migrantes centroamericanos a su paso por México, según lo explica Monge en una nota que incluye al final del texto.

Por otra parte, la incorporación de varias citas de “El Infierno” (1304-1308), primera parte de la Divina comedia de Dante Alighieri (1265-1321), insertas en cursiva en el relato del narrador omnisciente, refuerza el planteamiento de que, por diversas razones y guardando las distancias del caso, tanto los migrantes como quienes trafican con ellos, son víctimas de las dinámicas infernales descritas en la novela, las cuales se desarrollan en espacios que también adquieren características propias de un infierno, entendido como ese lugar en el que, según la tradición judeo-cristiana, nadie quiere estar porque es sinónimo de sufrimiento y dolor, es un lugar al que se llega como castigo por haber sido pecador, pero, en el caso de los migrantes centroamericanos representados en el texto de Monge, su pecado consiste en anhelar una vida mejor y en emprender un viaje para tratar de alcanzar ese objetivo.

Es notable el contraste que se establece entre estas dos voces extratextuales: los testimonios de los migrantes reproducen formas de habla coloquiales y marginales, mientras que las citas de La Divina comedia incorporan al texto un registro culto y canónico. No obstante, ambos intertextos contribuyen a reforzar una misma idea: el tránsito por México constituye una experiencia sumamente violenta, infernal, aterrorizante e incluso mortífera para los migrantes centroamericanos y, en muchos casos, también para los traficantes de personas.

En este sentido, resulta pertinente señalar que los nombres de varios personajes de la novela (todos ellos mexicanos y relacionados de diversas maneras con el negocio ilícito del tráfico de personas4) se hallan en un campo semántico asociado con la muerte y con el negocio de dar sepultura a los seres queridos: Epitafio, Estela, Sepelio, Nicho, Mausoleo, Hoyo, Osamenta, Cementeria, Osaria, Ausencia, Hipogeo, aunque más que nombres parecen ser sobrenombres o, como lo afirma el autor, “nombres sin identidad” (Monge, 2018); asimismo, en la novela hay un espacio que es referido directamente como El Infierno: la finca de los trillizos, llamada en realidad Los Tres Hermanos, pero rebautizada por la gente como El Infierno, debido a que en ese lugar, donde inicialmente funcionaba un deshuesadero de automóviles, ahora lo que se deshuesan son los cadáveres de migrantes centroamericanos asesinados por las bandas de traficantes.

En esta novela hay también otras referencias intertextuales5, menos explícitas que las anteriormente referidas, pero relevantes porque remiten a dos tragedias pertenecientes al canon occidental: Romeo y Julieta (1597) de William Shakespeare, pues Epitafio se quita la vida al creer, erróneamente, que Estela había muerto, con lo cual podemos plantear que en la novela de Monge hay una fuerte presencia del tópico de los amantes desventurados (star-crossed lovers), y Edipo Rey (¿430 a.C.?) de Sófocles, pues, al enterarse de la muerte de Epitafio, Estela, que ya era sorda, se saca los ojos, en un intento de excluirse de una realidad que no desea vivir. No es casual que ambos intertextos sean tragedias6, específicamente dos de las tragedias más canónicas, estudiadas y conocidas de la literatura occidental, pues a Monge le interesa insistir en la idea de que su novela representa una tragedia humana del siglo XXI: “la historia del último holocausto de la especie” (Monge, 2015, pos. 3940).

Así pues, podemos afirmar que estamos ante un texto polifónico, hábilmente construido para entretejer e incorporar una gran diversidad de voces, representadas con diferentes tonalidades, intensidades, contrastes y matices. Se trata de un texto complejo que representa una realidad también compleja y plural7.

A continuación, nos referiremos a las principales representaciones de la violencia subjetiva localizadas en la novela de Monge, las cuales constituyen la parte visible de la violencia ejercida sobre estos individuos. La parte invisible, que Žižek denomina violencia objetiva o sistemática, alude a la naturalización de las dinámicas migratorias descritas por Monge: gobiernos y ciudadanía han incorporado estos movimientos migratorios de centroamericanos hacia el norte como parte de sus realidades, en el entendido de que las personas migrantes constituyen un elemento estructural de la sociedad y asumiendo el hecho de que no es posible eliminar o disminuir significativamente estos movimientos migratorios, pues consideran imposible la erradicación de las causas que los originan. En relación con el papel de los Estados respecto de la migración ilegalizada y sus consecuencias, Álvarez Domínguez señala:

la migración procedente del Triángulo Norte Centroamericano se está dando de forma ilegalizada. Esto quiere decir que el Estado, entendido como la entidad política administrativa de un determinado territorio, restringe el tránsito. La postura del presente artículo es situar a este tipo de migraciones como ilegalizadas, ya que nos encontramos ante dispositivos y tecnologías del poder que, como consecuencia de migrar sin documentos, generan el ejercicio de múltiples violencias que se inscriben en la vida de personas, familias y comunidades. (Álvarez Domínguez, 2018, p. 44).

La violencia contra los migrantes

Las bandas de tráfico de personas parten del hecho de que los migrantes son su mercancía, de manera que no los tratan como individuos con nombre, historia propia y derechos, sino que los asumen como objetos generadores de ganancias. En esta novela, Epitafio, Estela y las demás personas que trabajan para ellos, presentan conductas sumamente agresivas contra los migrantes, además de emplear un discurso profundamente despectivo y ofensivo al dirigirse a estos individuos o al referirse a ellos ante un tercero (violencia simbólica).

Así por ejemplo, al inicio de la novela, cuando el grupo de 74 migrantes secuestrados acaba de ser depositado en Ojo de Hierba, un descampado al que la banda suele llevar sus “nuevas adquisiciones”, un joven que forma parte del grupo capturado trata de escapar para internarse de nuevo en la selva, pero Estela se apresura a detenerlo, asesinándolo con una pistola de bengalas:

Cuando Epitafio está a punto de decirle a sus muchachos que terminen con el chico, Estela le arrebata a su cintura la pistola de señales y alzando el brazo abre fuego: la bengala azul plateada cruza el aire e impacta un ojo del fugado, que al instante cae al suelo y se sacude sobre el lodo, mientras la pólvora aún escupe su violencia. (Monge, 2015, pos. 189)

Los 74 secuestrados son divididos en dos grupos: uno de ellos será conducido y negociado por Epitafio y el otro, por Estela. Este segundo grupo, que viaja en el cajón del pick up color rojo sangre (la estaquita rojo sangre), será asesinado a balazos por el comando contratado por el padre Nicho y Sepelio para matar a Estela (violencia física):

Ratatatatán, grita El Tampón por su parte, mientras la rabia de su arma y de las armas de sus rasos castiga a los hombres que yacían aún dormidos y alcanza a los sinnombre. Ratatatatán, machaca mientras sus balas perforan pieles, carnes y entrañas como perfora el alma de Estela lo que está en la lejanía aconteciendo (Monge, 2015, pos. 2646).

El único sobreviviente de esta masacre es Merolico, un ex militar y ex marero aparentemente salvadoreño, el más viejo de todos los que viajaban en ese vehículo, quien durante las horas de encierro e incertidumbre se dedicó a tranquilizar a sus compañeros de viaje, haciéndoles creer que él tenía el poder de ver el futuro en las líneas de sus manos y transmitiéndoles mensajes llenos de optimismo y esperanza. Merolico logra salvarse porque sus compañeros habían formado un círculo en torno suyo, atentos a los vaticinios de este hombre sabio, quien pronunciaba las palabras que todos necesitaban escuchar en aquel momento. Teñido y Encanecido, dueños del deshuesadero El Infierno, encuentran a Merolico entre los cadáveres y deciden darle la oportunidad de trabajar para ellos, reclamándole su lealtad absoluta por haberle permitido sobrevivir; sin embargo, el trabajo que le asignan es imposible de realizar para este hombre, pues se trata de descuartizar y quemar los cadáveres de sus compañeros de viaje:

Uno tras otro, Merolico secciona, con tajos rápidos y expertos, los brazos, las piernas y los cráneos de los cuerpos apilados, mientras los perros ya no saben cómo contenerse y en la distancia los hermanos se sorprenden de lo bien que lo está haciendo este hombre al que no parecen ya importarle ni la peste ni el humo ni las llamas que emergen de los tambos, estos tambos que salpican El Infierno aquí y allá como salpican los tatuajes la epidermis del que acaba de quitarse la camisa y así sigue destazando a los caídos. (Monge, 2015, pos. 2846)

Finalmente, Merolico se suicida inmolándose en el mismo fuego en el que arden los cadáveres de los otros migrantes, ante el asombro y el enojo de Teñido y Encanecido, que lo consideran desleal y desagradecido.

Una de las muestras más claras de la violencia simbólica ejercida por los traficantes de personas contra los migrantes se encuentra al inicio de la novela, cuando Epitafio, Estela y Sepelio escenifican un macabro juego con los secuestrados, el cual consiste en indicarles que deben obedecer todo aquello que les pida hacer la patria, personificada por Epitafio:

y contemplando el acercarse de los hombres que obedecen aquí a Estela y a Epitafio escuchan la última amenaza de esa mujer que está gritando: ¡van a saber lo que es la patria… van a saber quién es la patria! – ¿Quién es la patria? – vocifera Estela dándose la vuelta. – ¡Yo soy la patria! – responde Epitafio abriendo los brazos teatralmente. – Y qué quiere la patria? – La patria quiere que se hinquen. – Ya escucharon: ¡hínquense ahora mismo todos! – La patria dice: que se tumben sobre el suelo – añade Epitafio él también gritando y fingiendo, con los brazos, una deferencia. (Monge, 2015, pos. 169-176)

Este juego resulta macabro no solo por lo que representa para los aterrorizados migrantes la noción de patria, ellos que abandonaron la propia en busca de una nueva patria de acogida donde pudieran tener una vida mejor, sino porque finalmente deriva en una escena de gran violencia física contra un migrante que, al ser interrogado, no fue capaz de responder debido a que el miedo lo paralizó y lo enmudeció:

¡Di tu nombre en este instante… dilo o va a decir la patria: ahora mismo!, vocifera Epitafio y Sepelio alza del suelo un grueso tronco al mismo tiempo que el muchacho cierra sus dos párpados y acepta ser ya sólo el silencio de su paso por el mundo. ¡La patria dice: acábalo ahora mismo!, clama ElquequieretantoaEstela y el sinnombre oye el crujido de sus vértebras […]. (Monge, 2015, pos. 1248)

Por otra parte, los chicos de la selva, esos muchachos – casi niños – de 13 y 16 años que ejercen la labor de coyotes o polleros (se encargan de engañar a los migrantes haciéndoles creer que los conducirán a la frontera con Estados Unidos, pero en realidad los conducen al sitio en que serán secuestrados por la banda de traficantes) también ejercen violencia física contra los migrantes, además de violencia simbólica.

El ejemplo más representativo del primer caso (violencia física) es el asesinato de la mujer embarazada por parte del chico mayor, con quien tiene una relación previa que no se aclara en el texto, pero que lo lleva a sentir la necesidad de deshacerse de ella para evitar complicaciones. La mujer, quien sabe que está a punto de parir, se interna en una cueva que se halla en medio de la selva por la que transita el grupo de migrantes engañados por los dos chicos, y es justo en ese lugar donde la encuentra el mayor de los chicos:

Hincada encima de las rocas, Laquetieneaúnsusombra se lleva las dos manos al vientre, le sonríe al mayor de los dos chicos de la selva y devuelve el agua que se metiera en la boca al río […] Aprovechando el impulso con que llega hasta ella, el mayor deja caer furioso su machete y con un único tajo corta el cuello de la mujer que pierde así su sombra. ¡No tenías que haber venido… si también me conociste por qué putas te viniste… no tendrías ni que haber ido allá al atrio!, ruge el mayor, castigando otra vez y una más a la sinsombra con el filo de su arma […] (Monge, 2015, pos. 3526-3533).

Como indicamos líneas atrás, no quedan suficientemente claros los motivos que tuvo este chico para asesinar de esta brutal manera a la mujer, justo en el momento en que iba a dar a luz, pero la voz narrativa sí nos indica que, después de limpiar el machete y sus manos con el agua del río, el chico lloró largo rato.

La violencia simbólica de los chicos de la selva contra los migrantes se evidencia en la forma en que se dirigen a ellos mientras los conducen por la selva, pues su discurso está lleno de palabras ofensivas y de mentiras.

La violencia entre pares

En primer lugar, nos referiremos a la violencia que existe al interior de la banda de traficantes de personas en la que se centra esta novela, pues la historia de sus protagonistas, Epitafio y Estela, está marcada por la traición, ya que resultan ser las víctimas del Padre Nicho, líder de la banda, y de Sepelio, quien desea eliminarlos a ambos para hacerse con su posición de líder. Para lograr este fin, ambos idean un plan que consiste en contratar un comando (conformado por 8 hombres que son policías y que aceptan realizar este trabajo para ganarse un dinero extra) para asesinar a Estela mientras transporta en el pick up rojo sangriento su cuota de secuestrados; estos hombres, liderados por el Topo y el Tampón, tienen la orden concreta de tomarle una fotografía al cadáver de Estela y enviarla al teléfono celular de Sepelio, pues esta es la herramienta que piensa usar este último para enloquecer a Epitafio: mostrarle la fotografía del cadáver de la mujer que ama, con la esperanza de que se suicide al sentir que no vale la pena vivir si Estela ya no está en este mundo.

Como indicamos páginas atrás, Estela logra escapar a la persecución del comando, aunque al huir sufre graves lesiones en diversas partes de su cuerpo pero sobrevive, de manera que la fotografía de su cadáver nunca llega; no obstante, Sepelio sí recibe una fotografía de los migrantes asesinados por el comando y le hace creer a Epitafio que entre ellos está el cuerpo de su amada, que supuestamente habría sido asesinada por el padre Nicho. La reacción de Epitafio es exactamente la esperada por sus enemigos:

Sin pensárselo dos veces, Elsordodelamente aguarda el instante que en su vida ha sucedido hace ya tiempo y, cuando el tráiler que su instinto elige está a punto de pasar delante suyo, avanza un par de pasos que son casi un par de saltos: el impacto del metal contra la carne cimbra a Sepelio y revuelca, sobre el suelo, el cuerpo de Epitafio, que lo último que alcanza a hacer es pedir perdón a Estela (Monge, 2015, 3719-3725).

Las motivaciones que tuvieron Sepelio y el padre Nicho para urdir este crimen tienen que ver con su deseo de hacerse con el poder, es decir, su anhelo consistía en desplazar a la pareja para ocupar ellos la posición de líderes de la banda: Sepelio odiaba a Epitafio porque era su superior jerárquico, con lo cual debía obedecer sus órdenes, y el padre Nicho pensaba que tanto Estela como Epitafio habían volado muy lejos, dejándolo a él en un segundo plano. En términos generales, podemos señalar que en la novela se plantea la idea de que, a lo interno de una organización como una banda criminal de esta naturaleza, no existe la confianza ni la lealtad, sino que imperan la traición y la violencia; tanto es así que ni siquiera Estela y Epitafio, que se amaban tanto, confiaban plenamente el uno en la otra, lo cual los lleva a guardarse cosas, a no decirse todo lo que sienten ni todo lo que piensan, y esta es, precisamente, una de las razones por las que funciona el plan de Sepelio y el padre Nicho: la mala comunicación entre los protagonistas, evidenciada a lo largo de la novela en los intentos fallidos de emplear sus teléfonos celulares para llamarse o para dejarse un mensaje. Por otra parte, en la novela también se hace referencia a dos personajes femeninos, Cementeria y Osamenta, amigas de los protagonistas, que aparentemente se suicidaron incitadas por el padre Nicho, aunque no se explican las circunstancias ni las motivaciones de fondo.

La segunda representación de la violencia entre pares se relaciona con los migrantes secuestrados que son convertidos en parte de las bandas criminales; este proceso de conversión se plantea magistralmente en la novela a través del personaje de Mausoleo (Esteban), el hombre gigantesco y fortachón, boxeador profesional, que es elegido por Epitafio entre los 74 secuestrados para ponerlo a su servicio. La labor asignada a Mausoleo consiste en vigilar y castigar a sus compañeros de viaje, es decir, a los otros migrantes que permanecen secuestrados y, aunque inicialmente el hombre tuvo sus dudas (se plantea serios cuestionamientos éticos y ontológicos), finalmente se pasa del lado de los criminales y se convierte en un miembro más de la banda de traficantes de personas, pues comprendió que de ello dependía su sobrevivencia:

Sin pensárselo dos veces, el gigante atraviesa la casa que corona El Teronaque y, encajando sus ojos en los seres que padecen los castigos de la patria que se traga los anhelos y sepulta los recuerdos, oye una voz que no había escuchado antes y que le habla desde el fondo de su vientre: ¿cuál quieres que limpie el tiradero? […] [Epitafio] siente como propia la energía que ahora emana del grandote: esta corriente casi eléctrica que da voz al nuevo idioma con que se habla Mausoleo, que sorprende a los hombres aferrados a sus armas y que aterra a los que fueron secuestrados en el claro Ojo de Hierba. Sintiendo que su brío sana las heridas que le abrieran sus temores, el que entre ciegos es ahora un nuevo ciego llega hasta la masa de hombres y mujeres castigados y humillados, distiende por primera vez en todo el día su gesto, agarra a un viejo por el cuello, lo arrastra varios metros, lo somete contra el suelo y señalando el resultado de su náusea ordena: ¡limpia ahorita tú esa mierda! (Monge, 2015, pos. 837-844).

Es claro el contraste entre la conducta de Mausoleo y la de Merolico, pues el primero cede a la presión de sus captores para transformarse de víctima en victimario, mientras que el segundo no lo logra y termina suicidándose; sin embargo, la voz narrativa procura brindarnos las razones que cada uno tuvo para actuar como actuó, al igual que lo hace con los demás personajes de la novela, al punto de que, aunque Epitafio y Estela son criminales, como lectores empáticos deseamos que su historia de amor sea posible.

Finalmente, cabe señalar que los chicos de la selva también son asesinados por la banda de tráfico de personas ahora comandada por Sepelio, pues el nuevo líder no desea continuar trabajando con estos chicos que, desde su perspectiva, eran leales a Epitafio y a Estela, los anteriores jefes.

La violencia contra los niños y las niñas huérfanos

El Padre Nicho es el sacerdote que regenta El Paraíso, un hospicio de huérfanos en el que pasaron su infancia y adolescencia Estela, Epitafio, Sepelio, Osaria, Cementeria, Osamenta y muchos otros huérfanos. Es el mismo lugar al que Estela lleva los niños y niñas que forman parte de su lote de secuestrados, con el fin de que el Padre Nicho tenga materia prima para perpetuar su negocio. Todos los niños y niñas que llegan a El Paraíso o que nacen ahí son marcados, como ganado, con un punzón. Así lo narra la voz narrativa refiriéndose a las marcas en el cuerpo de Estela: “Son las mismas partes en las que ahora lleva Oigosóloloquequiero las marcas del punzón del padre Nicho: estos cuadros diminutos que le imponen a las niñas tras haber aquí llegado.” (Monge, 2015, pos. 981)

Además de marcar los cuerpos de las personas que recibe en el orfanato, grabándoles en la piel marcas que perdurarán para toda la vida, el padre Nicho abusa sexualmente de varias de las niñas que ahí residen, y asigna labores específicas (muchas veces ilícitas) a cada uno de los niños y niñas, que conforme van creciendo se van involucrando de manera más directa en la red de tráfico de personas (migrantes centroamericanos) que maneja el sacerdote. Además, este individuo tiene otras atribuciones, como decidir quiénes contraerán matrimonio, tal y como sucede con Epitafio y Osaria, que deben casarse porque así lo dispuso el cura, a pesar de saber que Estela y Epitafio se amaban y deseaban estar juntos, con lo cual deben vivir su amor a escondidas para no disgustar al padre Nicho.

Como se puede apreciar, muy poco tiene de paradisíaco este lugar al que son llevados esos pequeños mexicanos abandonados por sus padres y sus madres, así como esas niñas y niños migrantes centroamericanos en tránsito por México, secuestrados por la banda de traficantes y muchas veces separados a la fuerza de sus padres y/o madres; no hay nada de caridad cristiana ni de amor al prójimo en este sitio regentado por un representante de la Iglesia Católica, que es presentado como un hombre perverso, cruel, violento y traidor.

Entender la forma en que los protagonistas de la novela fueron tratados en su niñez, las terribles experiencias que vivieron en El Paraíso y la situación de vulnerabilidad en la que se hallaron durante años, nos permite a los lectores comprender un poco mejor sus actuaciones como adultos, aunque no lleguemos a justificarlas porque sabemos claramente que se trata de criminales, es decir, individuos adultos que, al igual que su figura paterna, también son perversos, crueles, violentos y traidores.

La violencia de género

En la novela encontramos tres claras representaciones de violencia contra la mujer: en primer término, las constantes agresiones y violaciones que sufren las mujeres migrantes secuestradas por la banda de traficantes; estas son referidas en el texto mediante la inserción de testimonios de mujeres migrantes reales:

A dos de las mujeres las violaban diario. Parecían de trapo, las mujeres, a las que ellos ahí violaban. Y las mujercitas esas, a las que violaban una y otra vez y a cualquier hora, a mí me recordaban a mi hija. (Monge, 2015, pos. 415)

Ése me violó. Me puso bocabajo y me violó mientras hablaban. Otros dijeron que estaba yo bien rica y que querían también darme. Y me violaron esos dos al mismo tiempo. Otro me golpeaba la cara con los pies. Y otro me pegó con la palma de un machete hasta sangrarme. (Monge, 2015, pos. 435. La cursiva es del original)

En segundo lugar, nos referimos a la violencia física que ejerce Epitafio contra su esposa Osaria, la madre de su hijo, a quien odia porque representa un obstáculo más para vivir a plenitud su amor con Estela y por haberle sido impuesta como mujer por el padre Nicho. Cuando Epitafio llega a su casa, se muestra tierno y cariñoso con su hijo, pero sumamente violento y cruel con su esposa, a quien agrede de manera grave:

y sorprendiendo a Osaria, que lo observa tiritando, vuelve a darle un cabezazo en pleno rostro. Antes de que Osaria caiga al suelo, Epitafio está sobre su cuerpo y sentándose en su vientre le da rienda suelta a su ira. De pronto, sin embargo, Epitafio ve en el rostro que magulla y que destroza las facciones de Estela y se detiene […]. (Monge, 2015, pos. 2175)

Sepelio, que en secreto ama a Osaria, ve en esta forma de actuar de Epitafio una razón más para odiarlo y para desear su muerte.

En tercer lugar, mencionamos el asesinato de la mujer migrante embarazada a manos del mayor de los chicos de la selva, escena a la que ya nos referimos páginas atrás, concretamente en el apartado dedicado al análisis de la violencia de los traficantes contra los migrantes. Sin embargo, resulta pertinente agregar que esta mujer es asesinada porque tiempo atrás (en la novela no especifica cuándo) tuvo algún tipo de relación (tampoco se especifica qué tipo de relación) con este chico y ahora está punto de dar a luz una criatura que bien podría ser fruto de esa relación.

La violencia contra los animales

Finalmente, nos referiremos a dos escenas de la novela en que se representa la muerte de dos animales y que resultan especialmente crueles y violentas. La primera de ellas es la muerte de un mono a manos del mayor de los chicos de la selva, lo cual ocurre mientras van conduciendo por la selva a un grupo de migrantes: todos escuchan un ruido inquietante que no logran identificar y que no saben de dónde viene, así que, armándose de valor, el chico mayor abandona el trillo por el que caminan y se interna aún más en la espesura de la selva para averiguar de dónde proviene el ruido.

Cuando se percata de que se trata de un mono saraguato, que aúlla de dolor porque está malherido, monta en furia contra el animal por haberlo asustado y lo destroza a machetazos:

y levantando su machete hacia la noche insiste: ¡no me gusta que me espanten! ¡No soporto que me engañen… menos un mono cagado!, clama el que hace aquí de jefe echando aún más atrás su arma, y sorprendiendo al menor la deja caer sobre el primate: tras partirse como un fruto maduro, un pedazo del pequeño saraguato cae sobre la hierba y el lamento se deshace en el espacio. (Monge, 2015, pos. 2963)

El chico mayor repite varias veces que no le gusta que lo engañen y que no le gusta que lo asusten, quizá porque esto pone en cuestionamiento su hombría de macho líder del grupo, de manera que decide acabar con el mono cuyos aullidos causaron en él estos sentimientos impropios en un hombre fuerte y valiente; sin embargo, este episodio resulta particularmente macabro porque anticipa la forma en que luego este mismo chico asesinará a la mujer embarazada.

La otra escena que refiere a la muerte violenta de un animal es el atropello de un ternero por el tráiler que conduce Epitafio. El animal estaba en la carretera, en mitad de la noche, extraviado y confundido, y Epitafio decide embestirlo con su camión para probarle a Sepelio y a Mausoleo, sus compañeros en la cabina de Minos (el camión), que tiene el coraje suficiente para hacerlo:

el ternero aprieta la quijada, vuelve la cabeza hacia la noche, cierra sus dos párpados y tensa cada músculo del cuerpo. El golpe del metal contra la carne, que recorre el Llano de Silencio haciéndole hoyos a la noche, sobresalta en la cabina a los tres hombres que antes aún de que comprendan lo que sienten oyen cómo truena el quebradero de los huesos y tendones: no imagina ni uno de ellos que un pedazo de costilla ha alcanzado el motor que los arrastra. El crujir del cuerpo desmembrado y revolcado, en la penumbra espesa de este vasto llano […] alebresta a las bestias protegidas por las sombras, despierta los mugidos de la vaca que acaba de quedarse sin su hijo […] (Monge, 2015, pos. 3032-3040)

De nuevo, lo que se describe en esta escena resulta premonitorio de un hecho crucial para la trama de la novela y que ocurrirá varias páginas más adelante: el suicidio de Epitafio, quien muere atropellado por un tráiler, exactamente igual que el ternero. No parece casual que el protagonista eligiera esta forma de morir cuando es engañado por Sepelio para que crea que Estela ha sido asesinada.

Todas estas formas de violencia subjetiva representadas en la novela se hallan estrechamente relacionadas con la existencia de la violencia sistémica o estructural en la que los Estados desempeñan un rol fundamental ya sea por acción, omisión o complicidad. Al respecto, Álvarez Domínguez señala:

En los procesos de movilidad en la región, la violencia es el criterio desde el cual el Estado administra a los flujos migratorios. Lo muestra la Masacre de San Fernando (Tamaulipas, México) el día 24 de agosto de 2010, en la que 72 migrantes perdieron la vida a manos del crimen organizado. Este caso dio a conocer a nivel global la complicidad del Estado por omisión. […] Podemos sugerir que se piense la ilegalización de la migración como una violencia de Estado, puesto que despoja a los migrantes de sus derechos y de su condición humana, vulnerándolos y violentándolos. Señalamos que en las narrativas de la experiencia migratoria de los circuitos migratorios que atraviesan México, con destino a Estados Unidos, nos encontramos con formas de sufrimiento producto de un sistema hegemónico de poder político que ha colocado a esa población en condiciones de vulnerabilidad. (Álvarez Domínguez, 2018, p. 55)

A MANERA DE CIERRE

Investigar acerca de la compleja problemática social de las migraciones y las diversas formas de violencia asociadas a ella, ha implicado, al menos para mí como mujer centroamericana, ser consciente de que mi principal función como intelectual y universitaria es reflexionar acerca de las profundas implicaciones de este hecho, aun a pesar de que las historias relatadas en la novela aquí analizada, generaron en mí como lectora el impulso de actuar, es decir, hacer algo para cambiar esta realidad que viven a diario miles de centroamericanos. Sin embargo, concuerdo con el filósofo y sociólogo esloveno Slavoj Žižek (2009) cuando plantea que, en ocasiones, la labor del intelectual es observar, aprender y reflexionar, tomar cierta distancia para ser capaz de analizar no solo lo inmediato, lo subjetivo y lo personal, sino también lo más profundo, lo estructural y lo sistémico. En palabras de Žižek: “Hay situaciones en que lo único verdaderamente ‘práctico’ que cabe hacer es resistir la tentación de implicarse y ‘esperar y ver’ para hacer un análisis paciente y crítico. El compromiso parece ejercer su presión sobre nosotros desde todas partes.” (Žižek, 2009, p. 16)

Como evidencia el análisis textual desarrollado, en la novela Las tierras arrasadas la violencia es representada de diversas formas; la mayoría de ellas podemos denominarlas violencias subjetivas (que incluyen violencia simbólica, psicológica y física), pues se dirigen contra los cuerpos de los sujetos ficcionales. No obstante, si se analizan en conjunto, estas representaciones de la violencia necesariamente nos remiten a otro tipo de violencia, aquella que Žižek (2009) denomina estructural o sistémica y que suele ser mucho más difícil de visibilizar, pues se encuentra en la base misma de las formas de organización de nuestras sociedades, de manera que ha sido naturalizada, y en ella interviene la institucionalidad oficial (estado, iglesia y otros).

Bibliography

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Calderón, Tatiana y Zárate, Julio, “El laberinto fúnebre de la frontera y la deshumanización del migrante en Las tierras arrasadas de Emiliano Monge”, Literatura y Lingüística [en línea], no 41, 2020, p. 15-35.

[https://scielo.conicyt.cl/pdf/lyl/n41/0716-5811-lyl-41-15.pdf (fecha de consulta: 10 enero 2022)]

Carrasco, Gonzalo, “La migración centroamericana en su tránsito por México hacia los Estados Unidos”, Alegatos, no 83, enero-abril 2013, p. 169-194.

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Ferrada, Ricardo, “Migración, despojo y amores perdidos en Las tierras arrasadas de Emiliano Monge”, UNIVERSUM [en línea], vol. 36, no 1, Universidad de Talca, 2021, p. 253-271.

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Monge, Emiliano, Las tierras arrasadas, Buenos Aires, Penguin Random House Grupo Editorial, 2015.

Monge, Emiliano, “El verdadero muro en realidad es México entero” (entrevista realizada a Emiliano Monge por Carolina Robino para Centroamérica Cuenta), BBC Mundo [en línea], 23 de mayo de 2018.

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Solares, Martín, “Radiographies de la violence ou la crise de la fiction”, in Florence Olivier y Philippe Daros (dir.), Du roman noir aux fictions de l’impunité, París, Indigo, 2014, p. 193-205.

Solís Delgadillo, Juan Mario y Morriconi Bezerra, Marcelo, Atlas de la Violencia en América Latina, San Luis Potosí, México, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2018. [https://globalinitiative.net/wp-content/uploads/2018/04/Atlas-de-la-Violencia-en-Am%C3%A9rica-Latina-Juan-Mario-Sol%C3%ADs-Delgadillo-2018.pdf (fecha de consulta: 23 abril 2023]

Valencia, Claudia, “Formas de testimoniar la migración centroamericana en Las Tierras Arrasadas de Emiliano Monge” [en línea], Universidad Pontificia Bolivariana, Facultad de Teología Filosofía y Humanidades, Programa de Estudios Literarios, Medellín, Colombia, 2021.

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Žižek, Slavoj, Sobre la violencia: seis reflexiones marginales, traducido del inglés por Antonio José Antón, Buenos Aires, Paidós, 2009.

Notes

1 Este artículo es un resultado parcial del proyecto de investigación a mi cargo, ya concluido, titulado “Centroamericanos con rumbo al norte: migraciones y transnacionalismo en la narrativa mexicana y centroamericana del siglo XXI”, el cual fue financiado por la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura de la Universidad de Costa Rica. En el corpus de análisis de dicho proyecto se incluyen textos narrativos escritos tanto por autores centroamericanos como por autores mexicanos, con el fin de contrastar las visiones de ambos respecto de las migraciones de centroamericanos hacia el norte, entendiendo que Estados Unidos es el destino final soñado, y que México es, en principio, un lugar de tránsito que muchas veces se convierte en el destino final. El corpus está integrado por los siguientes textos: La Mara (2004) de Rafael Ramírez Heredia; La fila india (2013) de Antonio Ortuño Sahagún; Las tierras arrasadas (2015) de Emiliano Monge; Yo tuve un sueño. El viaje de los niños centroamericanos a Estados Unidos (2018) de Juan Pablo Villalobos; El sueño del retorno (2013) y Moronga (2017) de Horacio Moya Castellanos, y El norte que me tienes prometido (2020) de Ismael Moreno. Return to text

2 En este trabajo empleamos la tipología de Žižek (2009) para la violencia. Este autor plantea que existen la violencia subjetiva y la violencia objetiva o sistémica (estructural). Al respecto, el autor señala: “la violencia subjetiva es simplemente la parte más visible de un triunvirato que incluye también tipos objetivos de violencia. En primer lugar, hay una violencia ‘simbólica’ encarnada en el lenguaje y sus formas […] En segundo lugar, existe otra a la que llamo ‘sistémica’, que son las consecuencias a menudo catastróficas del funcionamiento homogéneo de nuestros sistemas económico y político. La cuestión está en que las violencias subjetiva y objetiva no pueden percibirse desde el mismo punto de vista, pues la violencia subjetiva se experimenta como tal en contraste con un fondo de nivel cero de violencia. Se ve como una perturbación del estado de cosas ‘normal’ y pacífico. Sin embargo, la violencia objetiva es precisamente la violencia inherente a este estado de cosas ‘normal’. La violencia objetiva es invisible puesto que sostiene la normalidad de nivel cero contra lo que percibimos como subjetivamente violento. La violencia sistémica es por tanto algo como la famosa ‘materia oscura’ de la física, la contraparte de una (en exceso) visible violencia subjetiva. Puede ser invisible, pero debe tomarse en cuenta si uno quiere aclarar lo que de otra manera parecen ser explosiones ‘irracionales’ de violencia subjetiva” (Žižek, 2009, p. 10). Return to text

3 Ver el Atlas de la migración en los países del norte de Centroamérica (CEPAL, 2018, p. 17-ss). Return to text

4 Los migrantes no tienen nombre, lo cual no es casual, pues permite reforzar el planteamiento de que se trata de individuos que son deshumanizados por sus captores y, en general, por un sistema que los cosifica o los animaliza (Ver, Calderón y Zárate, 2020). El único migrante cuyo nombre sabemos es Esteban, el hombre enorme y fuerte que es elegido por Epitafio como su ayudante, que es renombrado por su amo como Mausoleo, debido a sus características físicas. Esto plantea el asunto de la pérdida de identidad individual y social experimentada por los migrantes centroamericanos en tránsito; en el caso de este personaje, él parece ser consciente de este proceso de pérdida de identidad. Además, otros personajes que aparecen a lo largo de la novela, todos ellos mexicanos y que desempeñan alguna función en la red de tráfico de personas, únicamente son nombrados por medio de un apodo o sobrenombre: El Tampón, El Topo, Teñido y Encanecido. Return to text

5 También se advierte una referencia intertextual a La Ilíada y La Odisea, específicamente mediante el uso de variantes del epíteto homérico, que contribuye con la caracterización de los personajes. Así, por ejemplo, Epitafio es también nombrado como Lacarota, ElquequieretantoaEstela, Elsordodelamente; Estela es llamada Oigosóloloquequiero, LaqueadoraaEpitafio, Laciegadeldesierto; los migrantes son caracterizados como los seres que también perderán muy pronto el nombre; los que habitaban las tierras arrasadas; el que no soporta haber sido por la justicia y la clemencia desdeñado; los chicos de la selva son nombrados como el mayor y el menor, el que aquí da las órdenes, el que obedece siempre al mayor. Return to text

6 Monge señala, en la ya mencionada entrevista que concedió en 2018 a Centroamérica Cuenta, que su intención inicial era hacer un texto dramático basado en la estructura y los motivos de la tragedia griega, pero que finalmente se decidió por la novela porque es el género literario que mejor conoce y en el que mejor se desenvuelve. Return to text

7 Para profundizar en la temática de la intertextualidad en esta novela de Monge, ver Ferrada (2020) y Valencia (2021). Return to text

References

Electronic reference

Ruth Cubillo, « Migraciones centroamericanas y violencias en la narrativa mexicana del siglo XXI: Las tierras arrasadas (2015), de Emiliano Monge », Sociocriticism [Online], XXXVII-1 | 2023, Online since 04 octobre 2023, connection on 23 juillet 2024. URL : http://interfas.univ-tlse2.fr/sociocriticism/3450

Author

Ruth Cubillo

Universidad de Costa Rica

Doctora en Literatura por la Universitat Autònoma de Barcelona. Docente e investigadora de la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura, del Posgrado en Literatura y del Centro de Investigaciones Históricas de América Central, todos de la Universidad de Costa Rica. En sus más de 20 años como docente universitaria, ha sido profesora de grado y posgrado, ha dirigido más de 25 tesis, ha desarrollado múltiples investigaciones en temas de género, literatura costarricense y literatura centroamericana. Asimismo, ha impulsado el desarrollo de nuevos ámbitos de investigación y docencia en la UCR, en especial la literatura comparada y la transmedialidad, así como la realización de investigaciones inter y transdisciplinarias. Entre los libros que ha publicado se encuentran Mujeres ensayistas e intelectualidad de vanguardia en la Costa Rica de la primera mitad del siglo XX. (2011); Novelistas españolas del siglo de oro: la obra de Mariana de Carvajal y Saavedra (2014); Estudios actuales de literatura comparada: teoría de la literatura y diálogos interdisciplinarios (coeditora, 2019); Historia y crítica comparadas de la dramaturgia costarricense de 1950 a 1980. Una lectura desde la perspectiva de género (coautora, 2019), y Pobreza y desigualdad social en la narrativa costarricense: 1890-1940 (2021). Además, ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas nacionales e internacionales.